domingo, 19 de junio de 2011

Querido hijo.

Querido hijo:
Recibo con mucha alegría tus cartas. Me regocija saber que estás prosperando en tu trabajo y agradezco tu hospitalidad, pero prefiero permanecer aquí, en este sitio.
Sé que te cuesta aceptar mi decisión, y por eso voy a explicarte sus motivos. No debes interpretarlos como una censura a tus elecciones, las cuales avalo totalmente, porque te crié con ese deseo: que seas capaz de decidir tu destino.
Quiero que sepas que la pobreza tiene algunas virtudes. Por ejemplo, nos salva de la codicia. Los pobres caminamos junto a los otros pobres: ¿qué podríamos envidiar de nuestros vecinos? ¿El trabajo inhumano? ¿El desempleo feroz? ¿La esposa avejentada prematuramente? ¿El marido borracho y golpeador? ¿La carrera delictiva de los hijos?
Claro que en las otras clases sociales también abundan desgracias, porque caracterizan a la condición humana, pero con dinero y poder es más fácil ocultarlas.
Entre nosotros, los pobres, todo está a la vista y a la intemperie.
Los ricos deben ocultar sus posesiones para protegerlas. ¡Tienen tantas cosas y tan buenas! Fácilmente encuentran en casa ajena algo para despertar su deseo.
Los pobres, en cambio, no desean, necesitan, y ya se sabe que la necesidad tiene cara de hereje. Se impone, no seduce. Además, a todos los pobres nos hace falta lo mismo, por eso nos resulta más fácil luchar juntos.
Las cosas bellas son caras, y nadie forzado a procurarse un pedazo de pan estaría dispuesto a invertir su tiempo en obtener cosas superfluas.
Como los pobres están libres de pecado, no construyen catedrales. Dios no necesita recordarles su presencia. Los pobres están tan seguros de El, como de un plato de sopa caliente. La fe de los pobres no tiene mérito, es nada más que hambre.
Para los ricos, en cambio, agradecer a Dios el pan de cada día sería una ironía. Reciben el pan y el jamón crudo, pero prefieren la comida light. No necesitan milagros. Rezar el Padrenuestro sería como tratar a Dios de panadero, y perdonar la deudas a sus deudores un sin sentido, porque de ellos viven.
¡Si lo que más aman en este mundo es ser acreedores!
Necesitan todo ese dinero para pagarle a muchos que trabajan acrecentando la fortuna sin la cual no podrían vivir.
A los pobres, en cambio, nos alcanza con estar secos y a cubierto.
¿Como van a tener fe en un Dios que les da todo y después les exige el reparto? Digan lo que digan, los ricos son siempre ateos y tienen sus corazones cerrados, aunque construyan Iglesias llenas de cosas brillantes. Para ser felices, necesitan templos dorados, santos policromos, un cielo lleno de ángeles, y la promesa de que la muerte les dará más de lo que les quita.

Para los pobres, hasta morirse es bueno, porque la muerte les ahorra incontables sufrimientos, mientras que, en cambio: !De cuántos placeres priva a los pobres ricos!
Cuando uno consigue comprender el mundo, hijo mío, comprende la Justicia Divina.
El quiere para nosotros el bien, y sabiendo que pocas posibilidades de errar tiene un pobre, es que hay cada vez más pobres y menos ricos en el mundo.
Piensa, hijo mío:
¿Qué puede inspirar un rico?
Nada bueno. Solo sus propios males: codicia, envidia, odio, competencia.
¿Qué pueden ofrecer? ¿Objetos? ¿Dinero? Eso les sobra, por lo tanto sus dádivas no tienen mérito.
Los pobres, en cambio, cuando dan, dan lo que necesitan. ¡Cuánta virtud! Sólo dar lo que no se tiene puede ser considerado como un gesto de amor. Cuando los ricos dan, dan aquello de lo que previamente se habían apropiado. Es un acto de arrepentimiento inspirado en el sentimiento de culpa o el temor. ¿Merece ser premiada esa mezquindad?
Son ellos los que deben agradecer al mendigo que al recibir sus monedas les alivia la carga.
¡Pobres ricos, que inspiran codicia, ambición, envidia!
¡Afortunados los pobres, que inspiran piedad, amor al prójimo, compasión!
Breves serán tus pecados y todos ellos perdonados hijo mío, si conservas la libertad que trajiste a este mundo.
Si atesoras bienes, ellos hundirán sus raíces en el sitio más cenagoso de tu alma. Hurtarán tu tiempo, absorberán tus pensamientos. Te invadirá el temor a perderlos y el deseo de reproducirlos.
Dios te libre de tanta desgracia. Elije la Justicia, no el poder. La espada en la mano derecha de la imagen de la Justicia representa a la razón, y la balanza que lleva en su mano izquierda a un corazón equilibrado. Sus ojos están cubiertos para que al ejercer sus actos esté mas atenta a lo que dicta su alma que a las tentaciones mundanas. Ahora que lo has logrado, sé que serás ese tipo de Juez que la Patria necesita. Hubo una fiesta en el pueblo cuando supimos de tu nombramiento. Lucha por dar lo mejor a tu familia, como yo traté de hacerlo contigo. No olvides que el estomago de un hombre se sacia con un solo plato, en cambio su curiosidad no se sacia nunca. Escoge bien, por lo tanto, los alimentos que ofrezcas.
Por otro lado, tampoco podría prescindir de mi trabajo. Mis niños son la alegría de cada mañana. Verlos es como volver a ver a mis propios hijos.
Mi trabajo como maestro me da todo lo que necesito material y espiritualmente.
¿Que falta poco para mi jubilación, dices? Por suerte, aún soy fuerte, y tarea no va a faltarme. Y aún así, antes sería necesario que un joven acepte mi puesto, lo cual, por la relación costo-beneficio, será muy difícil . No son muchos los que gustan de atravesar leguas de barro, en el mejor de los casos montado en el Paco que, por cierto, afortunadamente, está muy recuperado.
Todo esto ya lo sabes, pues lo repetí tantas veces. Sin embargo, no significa que no viajaré con gusto para verte. Simplemente quisiera disfrutar de tí y de tu familia sin discusiones acerca de mi futuro, que ya está decidido.
Te ama en la distancia: Tu padre.
pd: Que tengas un feliz día junto a los tuyos.
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domingo, 12 de junio de 2011

Carta de amor de una mujer abandonada.

Querido Julián:

Me imagino tu asombro al recibir estas líneas. Quisiera haberte escrito antes, pero nunca me animé. Hoy, por fin, reuní fuerzas.
Hay un motivo, una pregunta que me arde como una herida abierta. En las cosas del amor el tiempo no pasa, dice mi psicóloga. Uno, a veces, se queda congelado, como si hubiera puesto el corazón en el freezer..
!Pero yo no quiero pasar el resto de mi vida en la heladera! Y vos tenés la llave, estás en mi cabeza como un tango sin final.
No puedo entender qué hice para que me dejaras. Sin unas líneas, una llamada.
A veces, alguien me dice que te vio, y yo le pregunto si estás acompañado. Dicen que no. Entonces, si no hay otra:
¿ Por qué no volviste? ¿Tan mal te traté? ¿No extrañás mis mates? ¿Por qué me dejaste, mi lindo Julián?!
¡Yo, en cambio, te hecho tanto de menos! Y ni te cuento cuando lo miro a Nico. Cuanto más crece, más se te parece. Está hecho un hombre, y se quiere ir del país por que dice que acá no hay oportunidades. Si es lo mejor para él no puedo oponerme. ¿No te parece? Cambié mucho, y no quiero que me reproche, como vos, por cortarle las alas.
¡Ay Julián! !No sabés cómo sufrí!.
Tomar tantas decisiones sola.
Que si a qué colegio los mandaba, que si los dejaba ir al viaje de egresados, que si la nena se quiere poner de novia, tan joven, pobrecita, después de lo que me pasó a mi.
¡Tuve tanto miedo de equivocarme!. Ya se. Siempre decías que me falta carácter y tenés razón, después me di cuenta.
Al principio, era una sombra, no me quería levantar, sin fuerzas ni para llorar. En cuanto los chicos se iban a la escuela volvía a la cama y me ponía la tele. Buscaba algo triste en las novelas para llorar y aliviarme un poco.
Estaba muy mal. No tenía ni con quien hablar. Vos sabés como es mi familia. Si nunca aceptaron que me casé con vos, menos iban a entender como me puse cuando te fuiste. A la gente le parece fácil. Te dicen “hay que poner voluntad” pero cuando no se puede, no se puede.
Al final, tuve que cambiar. Fue cuando dejaste de mandar la plata de los alimentos y me puse a buscar trabajo. Yo pienso: que a los chicos que no les falte nada. Y no les faltó mientras tuvieron padre, pero después ¿que podía hacer?.
Bueno, me hacía falta hablar con alguien. !Estaba tan sola! Fue la del octavo, la vecina esa que a vos te caía mal la que me ayudó.
Un día me dijo que en la oficina donde trabajaba la hermana hacía falta alguien para limpiar de noche. Y fui. Yo para eso sirvo, siempre te tuve bien la casa. ¿Te acordás, no?
Bueno, acostaba a los chicos y cuando se dormían, le dejaba la llave a la vecina, por las dudas, y me iba a trabajar. A la mañana estaba de vuelta para despertarlos, hacerles el desayuno y llevarlos a la escuela, después hacía las compras, lavaba la ropa y ordenaba la casa. Me acostaba un ratito hasta el mediodía y a las doce y media los iba a buscar. Después de darles de comer los llevaba a la particular, a inglés y al club. Cuando volvíamos, yo cocinaba mientras miraban la tele y tomaban la leche. Los ayudaba con la tarea si hacía falta –porque ahora les dan más deberes que a nosotros, viste- y después me bañaba y me iba otra vez a trabajar.
La del octavo también me dio la idea de comprar un celular por cualquier cosa. Como dicen, no se corta el cordón, se lo alarga. Me costó un poco aprender a usarlo, pero me dio tranquilidad. Con manejar también soy un desastre. ¡Cuanto te costó enseñarme! ¿Te acordás? ¡Cómo te enojabas cuando hacia mal las cosas! Pero al final, te doy las gracias, porque aprendí.
Mucho a la academia no iba, así que saqué el registro por vos. Me compré el auto, pero lo uso poco, porque me da miedo la ruta. Para ir a buscar a los chicos cuando vuelven tarde, eso sí.
Bueno, te sigo contando. ¡Cuántas cosas me pasaron y cuánta falta me hiciste, Julián!
Cuando terminaba de limpiar, ya estaban entrando las chicas de la oficina. A veces, nos quedábamos charlando. ¿Y sabés que ellas me convencieron de terminar el secundario? ¡Ganaban casi el doble que yo y sin doblarse el lomo como una burra!
Me faltaban dos años para terminar el colegio cuando quedé del Nico ¿te acordás? Bueno. Me volví a anotar, en el mismo, pero a la noche.
Fue muy difícil. !Cómo me acordaba de aquellas tardes, cuando me esperabas a la salida!-
Antes de irme dejaba la cena lista y la del octavo les daba de comer. Ya se que ella te parecía una loca ¡Pero no sabés cuánto me ayudó esa mujer!. Fueron años de sacrificio, pero valieron la pena. ¡Si no cómo me iba a recibir ahora de Contadora Pública Nacional!. Porque después segui estudiando, pero -!ojo!- a los chicos nunca les faltó la madre. Pero nos hiciste falta, porque una puede laburar el doble, pero nunca vas a ser padre y madre, me entendés.
Me hizo muy bien hacer tantas cosas. Poco a poco me fui olvidando de vos, aunque, del todo, no lo conseguí nunca.
Julián, también te quiero decir, aunque me de vergüenza, que en este tiempo salí con tres hombres. ¡No sabés lo que es la soledad! Dos eran del trabajo y el de ahora de la facultad. Ya lo conocía del barrio y mirá que me lo encuentro en el CBC. Pero no es nada serio, cama afuera, la nena esta tan linda...que me da miedo convivir . Igual no pide nada.
Vino a casa para las fiestas, es separado y no tuvo hijos, por eso a los míos los quiere como si fuesen suyos. ¡Ay! perdón Julián, quiero decir a los nuestros. No se qué me da contarte, pero tengo que decírtelo todo.
Fuiste mi primer amor y el primer hombre al que me entregué y sos el padre de mis hijos y eso no se cambia, pero te fuiste y aunque siga casada con vos, tengo el derecho de hacer mi vida también ¿no?
Edgardo es muy bueno y me ayudó mucho para comprar este departamento y no pagar más un alquiler, porque lo que gano en la oficina no alcanza para ahorrar. Más que en la limpieza gano, pero los chicos van creciendo y piden y piden y no paran de pedir. Fue un gran alivio su apoyo. No vayas a pensar mal, el dinero me lo prestó como amigo. Se lo voy devolviendo, pero sin presiones, me entendés.
Esta casa es más grande. Los chicos necesitaban su pieza y estamos en mejor barrio y tengo la ilusión de dejar de trabajar y ponerme el estudio contable.
Edgardo estudió a su debido tiempo y ya era profesor en la facultad y gerente de una consultora cuando nos encontramos de nuevo. Me ayudó mucho. Dice que tengo que crecer y no depender de nadie. No le molesta que estudie y lo consulto en todo. Es una gran persona.
Vos lo conocías ¿ Te acordás del gordito con anteojos, que el padre era dueño de las Pompas Fúnebres – se murió el año pasado, pobre- que ustedes lo mandaban a afanar las flores de las coronas para venderlas en el la puerta del cementerio? No te rías, cambió mucho, está muy distinto y me adora. Yo también lo quiero, no como a vos, pero le estoy muy agradecida por su ayuda, y sobre todo porque no me presiona. Gracias a Dios no quiere compromisos y no me pidió nunca matrimonio, porque con él es diferente...
Me volvías loca. !Si no te hubieras ido, me hubiera embarazado todos los años y ahora no estaría por recibirme de Contadora Pública Nacional!.
Mejor ¿no? ¿Te acordás que me tapabas la boca para que no se despertaran mis viejos? ¡Qué increible! ¡Estaba fuera de mi! ¿Y cuando nos mudamos y en un día quisiste estrenar todas las piezas de la casa y en la mitad de la noche me despertaste y me dijiste que faltaba la piecita de la terraza y fuimos? !Cómo no voy a comparar! !Eras tan romántico! ¿Cuándo te dije que no? !Nunca!
Ahora, no me reconocerías. Durante algún tiempo pude disimular. Como no tenemos convivencia -para no desgastar lo nuestro- era fácil, pero al final se dió cuenta de que no disfruto.
Me pidió que vaya a una psicóloga y estoy yendo. Hablar me hace bien, me ayuda con mis inseguridades. ¡Tengo un problema con la autoestima!.
Y bueno, al final, agarré confianza. Le dije la verdad, que la intimidad me cuesta, que él es muy bueno, que la culpa es mía, porque me acuerdo de vos.

Me mandó que te escriba una carta de despedida. Yo nunca hice la separación internamente, y si no termino un duelo, no voy a lograr nuevos encuentros. No solamente con él, con cualquiera ¿no? Con los otros dos era igual. Al principio me gustaban, pero después, siempre lo mismo. Y también eran personas excelentes.
¡Tiene razón! En el fondo de mi corazón me pongo a comparar y sos el único, no pude olvidarte, sigo esperando tu voz en el teléfono, cuando paso cerca de donde vivía tu mamá algo me golpea adentro como si me fuera a encontrar con vos.
Y aunque el frigorífico cerró hace años, creo que vas a llegar, cansado como un animal, hambriento y con ganas de hacerme el amor.
Vos me conocías bien y sabías despertarme. Ahora, siempre estoy cansada, aunque sea domingo. Nunca me volví a reír igual. Eras tan seguro. Me acuerdo cuando fuiste a pedirle a mi viejo la plata para el camión y le dijiste que te ibas a casar conmigo por mí y no por el embarazo.
¡Ay Julián! ¡Me sentí tan bien! Y más cuando lo trompeaste a mi hermano por decirte -“Chanta manguero y degenerado mirá lo que le hiciste a mi hermana”, y vos le contestaste - “Materialista, no entendés que a tu hermana la quiero para ser mi esposa“.
¡Pobrecito!¡ Si la culpa de todo era mía! Me acuerdo como te anduve atrás hasta que me diste bolilla. –“Mirame, mirame, mirame-“ decía y pasaba y pasaba por la esquina de tu casa.
¿¡Cuanto tiempo no!? Parece mentira. Pensar que ahora los chicos tienen casi nuestra edad de entonces.
Dicen que no cambié mucho. Sigo flaca ¿ Te acordás como me cargabas diciendo que entre vos y yo faltaba algo? Bueno, no falta más. No se si sabés, pero me hice las lolas. Igual a la oficina no puedo ir muy escotada y no uso minifalda -¿te acordás de mis piernas?-porque no queda bien. Ahora, como tengo personal a cargo me visto más clásica, bleizer y pollera o pantalón de vestir, camisita de seda o una remerita discreta en verano.
Eso si, el pelo, por mucho que me lo hayan dicho todos, no me lo corté nunca. Me lo levanto y me hago un rodete, pero siempre largo, como te gustaba. ¿Te acordas? Decías que si me cortaba el pelo, me dejabas. ¡Si me ves ahora te volvés loco de los celos!. Los tipos todavía se dan vuelta en la calle para decirme cosas. !Como te enojabas y me hacías cambiar! ¡Te odiaba! Todas mis amigas se vestían como querían y yo siempre con miedo.
Y nunca miré a nadie. Te quería demasiado, soportaba cualquier cosa para no perderte.
Pero empezaste a cambiar. Te buscaba y no querías.
Me contestabas: -¡No entendés como cansa manejar!
Y sí, empecé a entender y no sé como pude bancarte tantas.
Pero no te lo reprocho. Fue mi decisión. Nadie me obligaba. Fui una boluda. Pasó tanto tiempo que ya no vale la pena hacerse mala sangre.
Ahora, solamente quiero entenderme a mí misma.
Porque tu ausencia es un interrogante, mi lindo Julián. Te hice caso en todo, era buena, y consecuente y sabés que te he querido. Trabajaba como una burra para desmancharte el overoll. ¡Y ni el lavarropas me querías comprar!. Te preparaba tus comidas favoritas, limpiaba la casa y hasta servía por horas cuando no me dabas la plata para el alquiler. No paraba en todo el día. Desde cuidar los chicos hasta lavarle el culo a tu vieja cuando tus hermanas no hacían nada y se aprovechaban diciendo que a ellas ver en ese estado a la mamita les hacía mucho daño. Daññño, marcando la ñ, porque como eran maestras bien que te miraban de arriba. ¡Turras! ¡¿Y mi familia no te caía bien?! ¡No querías que me abrieran los ojos!
Fiel, como una desgraciada. ¡Y no me faltaban oportunidades! Qué boluda. Aunque no me dieras un mango para vestirme, estaba mucho mejor que la colorada esa de mierda con la que andabas, y eso te lo puede decir cualquiera.
Quisiera entender por qué, después de todas las que me hiciste, me cuesta tanto olvidarme de vos. Decime por qué no me vuelvo a enamorar.
¡Si estaba divina! ¡Si cogía como una diosa!
Pero no, siempre esperándote, como una boluda.
Que te dieras cuenta, que comprendieras. Después, que cambiaras. Después, a que volvieras. Esperé, esperé y esperé. Perdí los mejores años de mi vida deseando que me pidieras perdón. Esperando y esperando.
¡Hasta que me dejaste! ¡Qué pedazo de boluda!

Ahora quiero entender. Necesito encontrar una respuesta a la pregunta que me machaca hace años en la cabeza:

¿Por qué te aguanté hasta que te fuiste y no te dejé yo antes?

.
Eso. Y no te molestes, no espero tu respuesta, estoy haciendo terapia y la voy a encontrar solita. Yo puedo.
Sin otro particular, me despido de vos para siempre.
Sofía

PD Tiene razón mi psicóloga, me hizo bien escribirte.

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domingo, 5 de junio de 2011

El examen

Querida hija:
Te acaban de bochar en un examen. Uno difícil, de los últimos de la carrera que tanto amás y que ahora querés abandonar. Te miro y no tengo palabras para darte consuelo. Mastico la bronca, más bien. Te vi cuidando de tu hijo con los libros junto a la cuna o sobre la mesa de la cocina. Te vi correr tras el dinero para pagar el alquiler, pero con los libros bajo el brazo. Te vi cargando la bolsa donde se mezclan el jabón en polvo con las fotocopias, el arroz, el detergente. Me preocupé por tus noches en vela, por tus almuerzos escasos, por tus prisas permanentes. Te vi llorar cuando aquel corte de luz consiguió apartarte por un rato de los textos. Te vi quedarte dormida sobre esos textos. Y también escuché como muchos criticaban tu esfuerzo ¿Para qué tanto? ¿Por qué no conformarte con lo que ya tenés? Y te vi dudar, pero seguir adelante Te vi agotada, pero seguiste adelante.
Hoy, cuando me lo contaste, vaya a saber que cara puse, porque si, estoy enojada. A todas las madres -y a algunos padres también- alguna vez nos duele la vida de nuestros hijos. Nos duele no haberles dejado un mundo un poquito mejor. Un mundo donde no se obtuviera tan magra recompensa para tanto sacrificio. Como a cualquier mamá me hubiera gustado ocultarte la cara oscura de la luna y algunas veces hasta mi propia cara. Me hubiera gustado un mundo más solidario, más bueno. ¿Y por qué no, más eficiente?
Un mundo donde nos cuidáramos los unos a los otros. !Pero no los unos de los otros! Hijita, este no es ese sitio justo todavía. No se estudia para saber. La palabra saber viene de sabor, y a nadie parece importarle demasiado el sabor de su propia vida, sino cómo controlar al prójimo. Esa es una gran tentación cuando se tiene poder.
Me pregunto por qué tu profesora no pudo darse cuenta de cuánto sabés, si su trabajo es, justamente, averiguarlo.
Tampoco sé cómo se sintió al aplazarte, porque no soy profesora, y no lo soy por eso. Me daría demasiada vergüenza decirle a alguien que no sabe, suponiendo que yo sí se. Sería como comer delante de un hambriento. Sentiría que he fracasado en la tarea más sagrada, que es la transmisión del conocimiento. Ese conocimiento que no es mío ni de nadie, porque nadie sabe nada solo, nadie hace nada solo, todos aprendemos solamente con otro. Y cuando yo no puedo ser ese otro para quien elije aprender de mí, siento que he fracasado.
Querida hija, no te preocupes, nadie puede impedir nada a nadie por mucho tiempo. ¿Sabés que nuestro cerebro no acepta la palabra “no”? Solamente existe el “si”.
Todo “no” es condicional. Todo “no” es “no todavía”. ¡No podemos aceptar “no” comer, por ejemplo, o “no” dormir, o “no” hacer. Todo “no” es sólo una condición para hacerlo de otra manera. Por eso, esa profesora, te lo aseguro, no puede aplazarte para siempre, solamente condicionar tu camino. Ese camino al final del cual vos vas a ser profesora. Pero no una profesora como ella, porque ella hoy te dio una gran lección, aunque sea dolorosa: Te enseñó como no ser. De eso, hija, estoy segura.
Te quiero mucho. !Fuerza! !Vamos! Este no es un destino final, sino otra vuelta del camino. Vas a recibir tu título de profesora, y para que estrenes ese día, te voy a regalar el vestido más lindo del mundo. Te lo prometo. Mamá.

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sábado, 28 de mayo de 2011

El Secreto

Amor mío:

Según tus palabras, es mejor no guardar secretos y estoy de acuerdo. Me pedís que te cuente todo y realmente quiero hacerlo. Por eso voy a decirte qué pasa cada noche cuando no estás.
Por lo general, ceno y me acuesto temprano. Como sabés, pertenezco al grupo de las alondras. Como siempre, leo algo o miro la tele. Después, apago la luz y espero. Al rato, la llave gira en la cerradura de la puerta de mi cuarto y, si ya estaba dormida, me despierto. Después, escucho los pasos firmes y decididos que atraviesan la sombra y el silencio y llegan hasta la orilla de mis sábanas. Allí se detienen.
Siento como cae, pesadamente, un abrigo sobre la silla y enseguida percibo el roce de la seda al aflojarse el nudo de la corbata. Espero en la oscuridad adivinando como se desabrocha, parsimoniosamente, cada botón. Enseguida, el torso masculino, ya desnudo, está muy cerca. Lo sé, porque el olor de su perfume llegó antes. Después, una mano ansiosa busca mi pelo. Escondo mi rostro en su palma. Con la otra, dibuja mi cuello, mis hombros, mis pechos. Al fin, aferran con firmeza mi cintura. Siento su cercanía y su respiración agitada. En ese momento, yo también me estremezco. Desliza su lengua, abriendo expectativas en mi piel y soy territorio desconocido, su lecho.
El me descubre mordiendo, chupando, lamiendo. En busca de quien sabe qué cosas ocultas, avanza.
Yo me transformo, fluyo y me diluyo, pero enseguida renazco toda nueva entre sus brazos. Cierro los ojos, guardo su imagen y ahora si, al fin, me duermo.

Ya lo sabes. No te oculto más nada. Así, cada noche, cuando la luz de la luna moja tu recuerdo, vuelvo a inventarte para hacer el amor con tu fantasma.
Tuya como siempre: Alba

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sábado, 21 de mayo de 2011

Carta abierta a las mujeres Talibanas


"Es necesario haber sido feliz para saber qué es la felicidad"

Abundan en la prensa los artículos donde se compara a las mujeres musulmanas con las occidentales. No es extraño, pues gracias a la antropología sabemos que toda guerra es una guerra por las mujeres, y parece que también somos un elemento importante en el actual conflicto de Oriente Medio. Pero con un matiz: Desde Occidente (el Occidente global) nos quieren vender guerra apelando al lugar que ocupan las mujeres, como justificación (entre otras) del genocidio que se está perpetrando. Se compara sus condiciones de vida con nuestra libertad para vestir, trabajar, estudiar, divorciarnos.
Y esta situación me hace recordar otra: la guerra fría, cuando se intentaba seducir a los comunistas (los talibanes de entonces) prometiendo las maravillas del capitalismo. ¡Pobres! Les dio tanto trabajo tirar el muro para terminar viendo Gran Hermano en colores ¿Qué pensarán, ahora? La inflación, el desempleo, la maffia y los jeans. Qué paradoja: ¿sabías que las hamburguesas son un invento ruso?).
Como mujer que trabaja con y para mujeres, me siento moralmente obligada a alertar a nuestras colegas del otro lado del mundo.

¡Chicas! si esperan recorrer el camino a la posmodernidad confiando en nosotras, mujeres modernas, como modelo de vida: ¡Escuchen antes, que después no hay reclamo!

Después de muchos millones de años de sojuzgamiento como el que todavía sufren ustedes, un día, empezamos a recorrer lentamente el camino hacia lo que se ha dado en llamar la liberación femenina. Con las esperanzas depositadas en nuestras hijas más que en nosotras, para no verlas sufrir nuestro mismo karma, las mandamos a estudiar. Fue un tránsito realizado sólo entre mujeres, nadie nos hizo upa.
Al principio nos copiamos de padres, esposos e hijos y nos pusimos los pantalones largos (los cortos siempre los habíamos llevado abajo de la falda, así como ustedes se pintan y usan minifalda bajo el shadór)
Aprendimos sus tareas, y aprendimos a seducirlos para que nos dejaran hacerlas. Fuimos, y somos, sus ayudantes y auxiliares, secretarias y electoras. La democracia se usa para elegirlos, muy pocas de nosotras nos dedicamos a la política, y no es que no nos guste, pero casi todas las reuniones se hacen de noche ¿y quién se queda con los chicos, quién prepara la cena?.
¡Ojo!
Acá también, todavía mandan solamente unos pocos. (Mientras, los otros se hacen mala sangre porque no mandan).
¡Chicas! Tal vez les estén llegando algunos cantos de sirena, así que tenemos el deber de avisarles:
Seguramente les habrán dicho que somos libres de usar lápiz de labios y otros maquillajes. Pues bien, voy a desilusionarlas. No lo somos, nosotras estamos obligadas a hacerlo. La que no se vea bonita, simpática y seductora (lo que acá se llama “ser femenina”) muy difícilmente será elegida para formar una familia o aunque sea para...ya saben qué.
Claro que nos ha llegado la terrible noticia de que allá les recortan el clítoris ¡Qué espanto! A nosotras, por suerte, no. Antiguamente le pasaba a las que eran muy exaltadas, es decir, calentonas, histéricas, gritonas o...¡locas, bah!
Ahora, afortunadamente, tenemos el psiconálisis en nuestras vidas y esas cosas ya no pasan.
Sexualmente, se nos permite hacer prácticamente de todo, eso sí, si mantenemos un aspecto juvenil y lozano. De lo contrario, a nosotras también nos cortan y recortan todo lo que cuelga. El clítoris no, pero si las tetas, la papada, los glúteos, y cualquier otra parte del cuerpo que no cumpla el estandar marcado por nuestra cultura, es decir, una bombachita talle 36 y un corpiño talle 110.
Después de tanto sacrificio, a uno lo que se le cortan son las ganas. Eso está muy mal visto. Hay que llegar siempre a un buen orgasmo para no frustrar a nuestra pareja que tanto se esfuerza por darnos placer.
Pero mejor hablemos de otra cosa.
Por ejemplo, les cuento de la libertad de trabajar. Pasa igual que con el maquillaje y la ropa, no solo podemos: debemos.
Con esto de la monogamia, cada una se ocupa de un hombre, sus hijos, (los que tuvo con una o con la otra) la casa, la cocina, la limpieza y de conseguir plata para mantener todo eso. ¡¿Que?! No, la plata que ganamos no es para nosotras, es para la casa. ¡Si con la, lo que él trae no alcanza!
Solas, porque cuando estás casada es difícil que te juntes con otra ni para protestar. A la mayoría de los maridos no les gusta que nos frecuentemos demasiado entre las amigas (igual no tenemos mucho tiempo, y los teléfonos globalizados son carísimos). Por eso les advierto: lo de la monogamia piénsenselo muy bien. Es mucho laburo encargarse de una casa y a lo mejor entre varias puede ser más fácil y entretenido. Claro, si te llevás bien ¿no? ¿Ustedes como hacen?
Volvamos a nuestra historia de mujeres liberadas. En una de las últimas guerras nos mandaron a las fábricas, porque nos necesitaron para ayudar con las balas mientras ellos estaba en el frente. !Sos una tarada, pero cuando te necesitan te llaman!
La guerra es terrible ¡Qué les voy a contar que no sepan! Muchos soldados no volvieron, y las viudas, pobrecitas, tuvieron que seguir trabajando para mantener a los huérfanos. Otras no dejaron de hacerlo porque les gustaba.
Después de todo, emplearse es muy sacrificado, pero al menos se sale y se conoce gente. Cuidás a tu marido en tu casa y a tu jefe en el trabajo, y variás un poco. Ellos chochos, porque tienen una mujer en el hogar y otra en la oficina. Si, puede ser un poco parecido a la poligamia, pensándolo bien.
Me dijeron que el Corán permite hasta cinco esposas siempre y cuando el marido las pueda mantener a todas. Bueno, queridas mías, si es por eso, acá, a la mayoría, no les da ni para ser monógamos.
Así que muchas vivimos sin hombre, aunque no nos guste. Los tipos son tremendos, pero cualquiera de nosotras se muere por tener uno. Si sos linda, un poco viva y no te importa que te digan lo que tenés que hacer, entonces podés conseguir que te mantengan, y te pongan una casa (para que se la cuides). Pero si pudiste estudiar, y ganás tu propia platita, la casita la ponen entre los dos.
Eso sí, se discreta, porque si se nota mucho tu independencia él se puede sentir menoscabado. Y acá, con lo que te manejan es con el silencio y las caras largas. O sea que, a veces, el shador vendría bien para ponérselo a ellos.
Pero sigo. Si no tuviste suerte y no sos ni mona ni estudiosa ni rica heredera, te tenés que emplear en casa de otra, donde es todo igual, pero el tipo de ahí a vos no te c...y si te c.. no tiene que enterarse la mujer. Está muy mal visto que la empleada y la patrona usen lo mismo. Algunas se quejan de esos trabajos por que si no te dejás te hecha el marido, y si te dejás, te hecha la mujer.
Hay que reconocer que somos celosas. No se para qué la exclusividad, pero es así.
¡Con el trabajo que da! ¡Nunca alcanza nada! Al final no sabés qué hacer. Si trabajás y dejás a los chicos con extraños, sos la culpable de la ruina del hogar y la decadencia de Occidente. Si no trabajás, sos una cómoda que lo carga a él con todo el peso de la responsabilidad. Si no querés un embarazo, sos una asesina, si los querés todos, sos culpable del desequilibrio demográfico y el hambre en el mundo. Si no estudiaste, no podés opinar sobre lo que él dice, si estudiaste, sos una pedante que se las sabe todas.
Si ganás plata, tratá de que no sea más que tu marido, para que tu sueldo no lo humille.
Si no ganás, no le pidas que se esfuerce y arreglate con lo que venga, podría sentirse presionado. Si no tenés ganas de hacerlo cuando él quiere, sos una frígida, y si querés cuando no quiere él, una....... Si se queda sin trabajo no te preocupes, porque lo podrías deprimir con tu ansiedad, y si trabaja tanto que no lo ves nunca, ni se lo menciones, porque serías una demandante que no lo deja tranquilo. Se explicarán por qué luchamos tanto hasta conseguir el divorcio.
Igual, no es ninguna maravilla. Si vos lo pedís, te castiga con la plata de los alimentos. Si te dejó él, puede olvidarse hasta de que los chicos comen y consiguirse otra a la que mantenga el ex-marido. A su vez, una puede conseguirse otro marido para mantenerlo, porque él mantiene a los hijos que tiene con su ex-mujer ( yo tampoco entiendo como es, pero es así)
Al final, muchas vivimos solas porque les agarramos miedo a los hombres. O porque ellos nos tienen miedo a nosotras, no se.
¡Pero a no desesperar! Hay opciones. Se puede tener uno o varios novios (mejor varios, por si alguno se borra).
Te lleva a pasear, duerme con vos, pero no en tu casa (se llama cama afuera). Ahora estamos probando este estilo. Mientras no te pongas sentimental, anda bien.
Pero eso si, chicas, lo que tiene de bueno la liberación es que nosotras vamos a donde queremos. Ah, que ustedes también porque abajo del shador no las conoce nadie...
Bueno, como se suele decir...quien avisa no es traidor, y los hombres, turbante más o menos, ¡Son todos iguales!...
Sepan la verdad de lo que pasa acá, para que no les vendan espejitos de colores...¿no?.
La liberación no la esperen de la O.T.A.N., mejor se la hacen ustedes mismas, que en este mundo nadie regala nada.
Antes de terminar hay un tema muy importante: nosotras estamos en contra de la guerra, que de todas las cosas que nos hacen los hombres es la única que no se la vamos a perdonar nunca.
Otra advertencia: Si es mejor no creerse lo de la independencia femenina, lo de la prensa independiente te lo tenés que creer menos todavía.
Por eso, nosotras preferimos preguntárselo directamente.
Si tienen algún ratito libre, escriban.
Qué piensan de la guerra, de cómo se matan y te arruinan el trabajo de criarlos toda una vida. No importa el color, ni las ideas, ni la religión. Se me parte el alma, porque, de lo que estoy segurísima, es de que cada soldado tiene una madre .
Bueno, che, no se olviden de escribir. De eso y de cómo se las arreglan con lo demás ¿no? Esto de ser mujer no es nada fácil en ningún lado. Me parece.

Una mujer occidental
(posmoderna y liberada)

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domingo, 15 de mayo de 2011

Secreto de Familia

Mi querida muchachita:

Preguntas y preguntas y siempre dices que no respondo como quisieras. Seguramente tienes razón y como, además, tienes todo el derecho de saber voy a contarte una historia. Ya tienes edad para comprenderla.
A mí me la contó una vieja mujer, hace mucho, mucho tiempo. A ella se la había contado su abuela y a esta la suya, que había olvidado quién se la contó.
Escucha y recuérdala siempre, porque muchas respuestas que buscas están allí:

Cuando Dios construyó la primera versión del mundo, creó unos ángeles hermosísimos y sobre sus espaldas sujetó unas enormes y maravillosas alas……invisibles.
El juego consistía en descubrirlas, pero ellos, al no verlas, no creían y por este motivo, simplemente, no las usaban.
Si un ángel pierde su posibilidad de volar, se condena, pero aún así, los pobres no consiguieron confiar lo suficiente.
Tanto temían precipitarse en el vacío que permanecieron siempre a ras del suelo. Y como arriesgaban poco, vivían aburridos. Su vidas eran muy monótonas, rara vez se los escuchaba reír.
Poco a poco, se fueron convirtiendo en unos seres tristes y desconfiados. Ellos, simplemente, no lo intentaban.
Si por casualidad alguno realizaba el hallazgo y conseguía elevarse, los demás hacían todo lo posible para mostrarle su error. En consecuencia, en ese mundo, nadie hacía lo que quería. Siempre estaban muy atareados recordándose, unos a otros, los beneficios de permanecer con los pies cerca del piso.
Hasta que un día, Dios, contemplando tan afanosa desesperanza, comprendió su equivocación. Como además, por suerte, nunca se siente derrotado, pensó y pensó y decidió como compensarlos.
Comenzó construyendo un hogar nuevo para ellos. Un increíble planeta azul apareció en el firmamento. El sitio más bello que pudiera imaginar la mente divina. Una casa nueva para esos ángeles que no consiguen descubrir sus propias capacidades. Un lugar donde no hacen falta alas, porque la sola belleza de sus paisajes alcanza para elevar el alma.

Pero como todavía no se sentía satisfecho, también creó nuevos ángeles. Esta vez, con hermosas y muy visibles alas. Ellos tienen la misión de cuidar de los otros, los ángeles de alas invisibles, haciéndoles perder, con su ejemplo, el miedo a volar.
Muy pocas veces consiguen su objetivo. Los ángeles que no vuelan tampoco levantan mucho sus cabezas. Siempre están mirando hacia abajo, temerosos de tropezar y caer.
Sin embargo, aquellas mujeres que lo sabían todo acerca del pasado el presente y el futuro, me aseguraron que pronto van a completar su misión. Los ángeles con alas invisibles se elevarán junto a los otros ángeles, y el cielo se cubrirá de alas.
Entonces, todo será tal como Dios, hace mucho, lo imaginó para nosotros.

Querida niña, espero que en esta y otras historias de los viejos tiempos encuentres las respuestas que se necesitan a tu edad. No confíes en los que te recomienden volar bajo o no creer en cuentos de hadas. Ellos retrasan el éxito de la misión al no permitir el uso de sus propias alas.
Sé que tú ya te estás ejercitando, por eso, recuerda mis palabras y sin ningún temor… !Vuela, muchacha!

Te quiere mucho:
La abuela

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sábado, 7 de mayo de 2011

Carta abierta a los responsables del miedo

A Quien corresponda:

En todas las familias se transmiten historias que tienen a los más chicos como protagonistas.
El abuelo Roberto era un alemán de mal carácter y se lo mostraba a todo el mundo. Sin embargo, nietos y vecinitos adorábamos al viejo.
Con su torno de relojero hacía preciosas miniaturas para regalarnos. Además, en el terreno del fondo de la casa, alguien, muchos años atrás, había plantado árboles frutales y era una delicia jugar a las escondidas o a la mancha entre el perfume de los azahares.
Otro viejo, un compatriota, disfrutaba de la hospitalidad del abuelo mientras se hacían mutua compañía. Don Roth, como se llamaba, contaba historias de una guerra lejana y cruel. Cómo había salvado su vida cuando se arrastró lejos de una montaña de cadáveres a punto de ser incinerados. Lo habían creído muerto, pero el olor del fuego consiguió despertarlo, aunque sus pulmones quedaron dañados definitivamente. Sólo mucho después yo asociaría aquella historia terrible con los nazis y las cámaras de gas.
Los médicos le recomendaron aire puro y, así, fue a dar con sus huesos a una lejana provincia de la Argentina. Recuerdo su figura deambulando entre los naranjales, enfundado en el largo sobretodo negro fuera invierno o verano. El aspecto no era lo mejor del pobre hombre.
En la casa de al lado, vivía una familia criolla. Estercita, una nena adorable, era la preferida del abuelo. Pero sentía pánico desde la llegada del sobreviviente. Se negaba a visitar la casa. Curiosa, espiaba, ocultándose entre el ligustro de la medianera.
Ahí estaba cuando el abuelo la descubrió y la invitó a comer fruta. La nena se negó, diciendo que tenía miedo, pero él, pícaro, inventó una mentira:
- No te preocupes, Estercita- le dijo- vení tranquila, yo ya lo maté.
La nena, crédula en su inocencia, aceptó la propuesta. Estaba muy entretenida juntando naranjas, cuando, de pronto, desde atrás de un árbol, apareció el supuesto "muerto" dándole un susto terrible. Sin embargo, más pudo su indignación e increpó valientemente al abuelo:
-!Roberto! !Mirá! !No lo mataste bien! Te voy a enseñar cómo tenés que hacer. Y exclamaba:- !Pisalo así, asi, así!! Al tiempo que daba pataditas en el suelo como ejemplo.

Vaya a saber por qué, en estos días la vieja anécdota da vueltas en mi memoria.
Por ahí andan algunos, diciendo que el demonio resucitó, pero los “buenos” lo mataron antes de que nadie lo pudiera ver y lo hundieron en el mar.
Entonces me dieron ganas de preguntarle a quien crea ser responsable del acontecimiento:
-¿Lo mataste bien muerto? ¿Estas seguro? ¿Lo pisaste bien pisado para que no se vuelva a levantar?
No sea que después reaparezca sobre las olas como Don Roth o el monstruo del lago Ness.
O que nos hayan tomado el pelo, como el abuelo a Estercita.

Los monstruos resucitan con siniestra perseverancia. En una época, contaban a sus víctimas tatuando un número en su piel. Yo lo vi.
Y los creímos vencidos, pero volvieron a la carga con métodos cada vez más sofisticados. En algunos sitios arrojaban bombas y destruyeron ciudades enteras. En otros, los damnificados simplemente desaparecían. Ni vivos, ni muertos. También lo vi.
Pero los monstruos fueron derrotados nuevamente.
¿Hasta cuando? ¿Por qué vuelven, como si fuese inútil matarlos? Habitan nuestras pesadillas. Están hasta cuando soñamos despiertos. Comen nuestro alimento. Usan nuestras almohadas. Conocen nuestros secretos.

!Pobre señor Roth! !Destino de miedo su vida!.
Sobrevivió a un holocausto, pero lo siguieron. Escondidos en los rincones de las valijas, abordaron el barco que lo trajo a América. Aferrados a los bolsillos rotos de los pasajeros de la tercera clase o a las tiaras de las bailarinas, en primera, los monstruos pasaban desapercibidos. Sumergidos por debajo de la línea de flotación llegaron a puerto y descendieron antes que nadie para recibir a los que iban llegando.
Por eso Don Roth disimuló su origen y, después, disfrazó su nombre. En la Patria Nueva también encontró monstruos y aprendió a morir un poco cada día para no asustar a los niños.

Nuestros hijos, cuando tienen miedo, piden que dejemos la luz encendida para ver. Porque la ignorancia es la única planta que crece en la oscuridad y los monstruos se alimentan de ella.
Los adultos, en cambio, apagamos la luz. Elegimos no ver.
Proclamamos una vida libre de culpas y pecado, pero denigrando tanto al diferente como al semejante. Si viste raro, tiene otro color de piel, habla otro idioma, nació lejos, profesa ideas distintas, no tiene pene o lo usa de otra manera.

Los monstruos son voraces, nunca satisfacen su apetito, siempre quieren más y más. El único método posible es desconectarlos, quitarles la energía. Como un juguete sin pilas o una marioneta sin hilos, caerán cuando dejemos de engordarlos con nuestro miedo y nuestro odio. De lo contrario, podemos huir, conjurarlos, someterlos a ritos o saltarles encima: volverán, inexorables, para reir de sus auspiciantes.
Atte, s.s.s.: Dr. Frank Enstein

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