martes, 27 de diciembre de 2011

Buena Acción

Señor Doctor: Hoy es Nochebuena y en mi pueblo tenemos la tradición de hacer una buena acción desinteresada en estas fechas. Yo lo escogí como beneficiario. Seguramente no se acuerda de mí, pero yo sí de Ud. y esta carta es mi regalo de Navidad.
El Sábado a la noche estaba dando una vuelta por la Plaza del Carmen, tratando de ganarme la vida diciendo la Buenaventura y hechando las cartas, que es lo que sé hacer para vivir. Toda la gente parecía contenta y risueña.
En una de las mesas, bastante atrás y como escondida, estaba una señora muy bonita, pero con la cara más triste que vi en mi vida. Cuando le ofrecí adivinar su futuro, se le llenaron los ojos de lágrimas y ahí sí que, de veritas, se me partió el corazon del todo. Pobrecita, tan joven, tan linda, tan elegante y al parecer, sin esperanzsas en el porvenir. Saqué mis naipes, que nunca mienten, y traté de animarla un poco. Tengo mi arte, y lo fui consiguiendo. Se sonreía escuchando mis aciertos y hasta me contó algunas de las cosas que yo ya había notado.
Una gitana vieja necesita saber mucho sobre los demás para seguir andando. El brillo de una mirada puede mostrarle si es buena gente o si puede ser una amenaza. Su señora es muy buena, aunque no es feliz, y es raro, porque la gente que no es feliz también, poco a poco, se va haciendo gruñona y antipatica, pero ella no.
¿Se preguntó alguna vez por esa tristeza? Usted es su marido, tendria que preocuparse por saberlo. Si, si, ya se, todavía escucho las palabras que usó conmigo:
-¡Vieja ignorante y mentirosa, deje de molestar a la gente!.
Entonces a su señora se le vió la pena en la cara otra vez, y se notaba a las claras que sentía vergüenza. Por eso me levanté y me fui calladita, pero antes llegué a escucharlo:
-¡Sonia!! No me esperaba esto de vos. Sos mi mujer, la mujer del Dr. Montalbán, tengo un prestigio que cuidar, y con estas actitudes lo ponés en riesgo. Esa vieja es una charlatana. ¿Qué puede decirte una ignorante que no sabe nada de la vida?.

Y bueno, mire, se le voy a reconocer, evidentemente, vieja soy y charlatana también. Al fin y al cabo, me gano la vida hablando. !Pero de ahì a no saber nada!... ¡No señor! De ninguna manera. ¡No se imagina cuántas cosas aprende uno echando las cartas! Eso, claro, si aprendió a escuchar.
Llevo mucho tiempo en el camino. Mi Madre me dió a luz en el carromato donde todavía vivo y donde también parí a mis hijos. No fui a la escuela y sé poner mi firma, porque una vez una mujer muy buena -bastante parecida a su Señora, ahora que lo pienso- tuvo la voluntad de enseñarme. Pero nosotros no estamos mucho en ningún sitio, así que las lecciones se interrumpieron pronto. Esto que lee, se lo estoy diciendo a un vecino que me hace el favor de escribirlo.
Y como no se leer en los libros, no tengo más remedio que leer en las caras, como le iba diciendo, y en los naipes, que me cuentan muchas cosas. Pero más todavía aprendo de la gente cuando pide la buenaventura. Casi todos piensan que soy una ignorante, y por eso no ponen demasiado cuidado cuando hablan conmigo.
Me dicen cosas sin notarlo: miedos y deseos, pasado, presente y futuro. Creen que lo adivino, cuando en sus preguntas están sus respuestas, y en sus negativas sus afirmaciones.
“¡Dime de qué presumes y te diré de qué careces!”, repetía mi abuela al enseñarme las artes ocultas.
Los intereses de la gente no son tantos: amor, dinero, salud y obtener justicia.
El amor interesa a todos aunque se crea cosa de mujeres. Los varones son los más preocupados, aunque dan muchos rodeos. Por ejemplo, preguntan por el dinero, pero enseguida descubren sus auténticos intereses.
Muchos quieren alagar a alguna dama esquiva, pero riqueza y amor no se llevan bien. Obtener un favor con regalos invalida lo obtenido. Pronto, él cree que la bella dama miente como él lo hizo al presentarse ricamente adornado para ocultar miserias y tribulaciones. Tanto se convence, que termina por convencerla a ella, quien, sin embargo, hubiera podido encontrar otros méritos para amarlo.
No saben los hombres que a las mujeres nada les importa la fortuna cuando son bien queridas, pero que cuando no lo son, no hay fortuna que alcance a colmarlas.
Por eso no es conveniente ir al encuentro del amor, sino esperar a que él nos encuentre.
Créame que un hombre está muy desesperado y ha caido muy profundo cuando consulta a una gitana, porque los hombres, Dr., sufren más por el amor que nosotras las mujeres y eso es fácil de entender. Cuando un hombre obtiene a una mujer, no necesita resignar otras cosas de su vida. En cambio, una mujer, para vivir el amor, debe dejar mucho de lado, aunque lo haga con alegría.
Por eso, cuando el amor termina, un hombre pierde aquello que consideraba suyo y en cambio la mujer recupera lo que había resignado.

En cuestiones de dinero, la gente siempre sufre. Sufre cuando no lo tiene, pero más aún sufre si lo posee, porque entonces teme perderlo. Así, todos son pobres al no comprender que la felicidad consiste en dejar ir para recibir de nuevo. ¿Quién sería tan tonto como para llevar una bolsa llena de cosas cuando va a la feria? ¿Que podría cargar en ella, si ya está repleta?
En temas de justicia, todos temen ser traicionados. Parece mentira, pero la gente necesita preocuparse más por la honestidad de los abogados que defienden sus causas que por la de los jueces que las juzgan.
Y así va el mundo, Señor. Nadie cuida a nadie. En materia del amor, que alguien lo quiera a uno, parece demostrar su falta de inteligencia, y por lo tanto, de méritos para ser amado. Por eso, nos condenamos a querer sólo a quien nos rechaza.
La fortuna, si la tenemos, creemos que se debe a una racha de buena suerte, y si no la tenemos, para qué vamos a esforzarnos.
La salud, por supuesto, solo preocupa cuando es necesario recuperarla.
Ud. mismo, Dr., cree perder sus meritos debido a la conducta frivola de su mujer, sin notar cuántos méritos le faltan para hacerla feliz. Ojalá recapacite a tiempo y cambie.
Esto es lo que una vieja como yo sabe y comparte.
Seguramente, es mucho menos de lo que sabe Ud., pero, sin embargo, esta pobre vieja le lleva una gran ventaja: puede aceptar el amor de cualquiera porque no tiene prestigio alguno para perder. Dayra Luz.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

Honorable Señor Diputado de la Nación Argentina

De mi Mayor Consideración:

Le dirijo a Ud. estas líneas por un motivo importante: los argentinos empezamos a considerar un tema hasta ahora tabú: modificar la legislación sobre el aborto.
Se escuchan opiniones sobre el “derecho a abortar” o a “decidir sobre el propio cuerpo”, pero me parece que estamos usando frases hechas que carecen de toda relación con la vida real de las mujeres.
Nuestro problema no es el derecho al aborto, sino más bien el derecho a disponer de lo necesario para criar a nuestros hijos. Trabajamos una imposible cantidad de horas que nos quitan tiempo para la crianza. Hoy en día, prácticamente todas desempeñamos jornadas agotadoras a cambio de una remuneración económica, por lo general, bastante limitada. Las que pertencen a las clases medias y las profesionales, usan una parte importante de ese ingreso para enfrentar el pago de una niñera y-o guarderia, jardín de infantes o escuelas, con lo cual se produce una paradoja de la que, sin embargo, nadie habla: las mujeres no sólo ganamos menos que los varones por igual tarea, sino que, además, tenemos que pagar para trabajar. Se genera una redistribucion de los ingresos que contradice los principios del sistema capitalista, pero las mujeres somos así de contradictorias.
En épocas pasadas, el trabajo femenino en el hogar no estaba representado económicamente. Ahora sí lo está, pero el costo lo asumimos nosotras.
En caso de no tener un sueldo suficiente para contratar a otra mujer que ayude en la crianza y la atencion del hogar, las mujeres pobres se ven forzadas a realizar doble tarea y además, a dejar a sus hijos, en el mejor de los casos, con parientes, y en el peor, solos o lejos, ya que están obligadas a migrar de sus lugares de origen para encontrar ocupación en otro lado. Un problema estructural, como expone la pelicula “Mamuth”. Los países desarrollados enfrentan el mismo problema en la cultura post-moderna y apelan también a la mano de obra barata de las inmigrantes. Aquí disponemos de suficientes “paraguayitas” y “peruanitas” deslomándose “por horas” y en negro. El producto lo remiten al país de origen, donde una abuela o a una hermana se hace cargo de sus hijos. El resto, si queda, se ahorra para visitarlos una vez al año.
Porque las mujeres, digámoslo de una vez, vivimos en otro mundo, donde las reglas económicas son muy diferentes a las que rigen en Wall Streett.
El mundo femenino es solidario por definición. Solo competimos entre nosotras hasta conseguir un hombre, elemento imprescindible para armar una familia. Después, todo cambia. Los modelos masculinos no son los de antes y el “macho proveedor” se encuentra en franca extinción, así que nosotras, cuando la inflacion obliga, organizamos compras comunitarias, cuidamos los chicos entre todas, armamos redes de comunicación sumamente eficientes, contenemos, cuidamos, criamos, sacamos el mundo adelante a pura teta. Administramos bien porque, como el yogurt, las mujeres venimos con fecha de vencimiento. Llegamos y llevamos a horario. Nos insuflamos hormonas cuando sabemos que nuestro tiempo se termina, pero también cuando no es tiempo todavía. Otra paradoja, Señor Diputado: el control de la natalidad, del cual depende en gran medida la organización social, está en manos de jovencitas totalmente carentes de información y poder que son manipuladas y culpabilizadas si no cumplen con los mandatos que nadie se molestó en transmitirles. Un magro subsidio y casi seguramente la soledad serán sus únicas recompensas como madres solteras. Pero las mujeres estamos muy acostumbradas al desamor, la falta de compromiso y de apoyo y si algo sabemos, es como sobrevivir a todo eso para hacer que nuestros hijos crezcan lo mejor posible. Incluso, algunas veces, nos arreglamos para encontrar tiempo libre y entonces contenemos a nuestros congéneres masculinos, lo que nos hace, nueva paradoja, muy felices.
Asumimos el compromiso de poner gente en el mundo a sabiendas de que se nos irá la vida criándolos para, despues, dejarlos ir. Y cuando terminamos con los nuestros, seguimos con los hijos de nuestras hijas.
Claro, a veces, sólo algunas veces, nos fallan las cuentas y no podemos. Entonces se nos parte el alma pero tenemos que renunciar a un proyecto superior a nuestras fuerzas.
Sin embargo, ese hijo que no es viable nos acompañará toda la vida. Porque hay cosas que los hombres -y tal vez algunas mujeres- no saben: Que cuando una mujer aborta, sin embargo, sigue contando los años del hijo que no pudo ser: - “Ahora tendria ocho, porque fue dos años antes de nacer la nena. Ahora estaria terminando el secundario. Ahora, tal vez, ya estaría casado. ..”
Ese hijo secreto cuya existencia casi nadie conoce, pero que no se olvidará jamás, vive en nosotras para siempre.
¿Derecho al aborto? ¡Que eufemismo! No señores, las mujeres no queremos derecho al aborto, las mujeres queremos derecho a criar nuestros hijos sin culpas porque nos vamos a trabajar, porque estamos separadas, porque los tuvimos demasiado pronto o porque tuvimos que esperar demasiado. Necesitamos disponer de tiempo y medios para hacer que nuestra nueva gentecita prospere con dignidad.
Con respecto al aborto, Señor Diputado, las mujeres sólo queremos que dejen de culparnos cuando no podemos seguir adelante. Queremos condiciones higiénicas y seguras para atravesar ese momento que ninguna quiere atravesar. Y así como estamos dispuestas a dar la vida por los hijos que tenemos, no queremos que nos cueste la vida el que no podemos tener.
Las mujeres necesitamos los medios, no el derecho, que es inalienable, de cuidar nuestro cuerpo, porque entre nuestras piernas, abre sus puertas la vida . Y como nos sabemos obligadas a compartirnos nosotras mismas, no nos cuesta demasiado compartir lo demás. Por eso, las mujeres formamos una comunidad paralela, subterránea, solidaria, productiva, imprescindible. El lugar donde todo el mundo nace, crece, aprende a caminar, a hablar, a socializarse, para, después, ejercer el derecho de marcharse sin pagar. Ese es el mundo de las mujeres. Un mundo que si quiere, Señor Diputado, puede visitar ahora mismo. No se prive de hacerlo, aprenderá mucho de política.
Y cuando venga, recuerde traer un ramito de flores, las valoramos, o un detalle para los pibes, que no olvidaremos jamás. A cambio, le mostraremos el valor de la vida humana. Le enseñaremos como compartir el tiempo y la plata. Conocerá un mundo donde las clases sociales son supérfluas, donde la diferencia entre ser patrona o empleada sólo indica quien estrena antes el vestido nuevo. Gente que compensa el resentimiento personal por tanta injusticia sufrida reclamando siempre una vida mejor para sus pollos. Y se trata de personas exageradamente exigentes, porque saben que un error simple puede costar una vida. Muchas, son poseedoras de una gran cultura, pero fácilmente hacen a un lado los libros cuando la experiencia contradice a la teoria.
Gente que no miente si no es absolutamente necesario. Seres humanos imperfectos, como todos los demás, pero muy capaces de olvidar sus intereses personales cuando alguien necesita de su ayuda. ¡Y ni qué decir cuando ese desvalido es un niño!.
Venga a ver nuestro mundo, Señor Diputado, aprenderá mucho, se lo aseguro.
Y después sí, vaya tranquilo y legisle.
Una Madre Argentina.


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domingo, 27 de noviembre de 2011

Carta abierta para una mujer maltratada

Querida amiga:

Cuando un hombre suelta los perros negros de su humor y golpea a una mujer, a él, no le pasa nada. Al otro día, o al rato, tal vez intente borrar su tristeza, la tristeza de la mujer, pero no puede. Trata, pero no puede. Él no escuchó cómo estallaba el cristal haciéndose añicos, y por eso no comprende y lo sigue intentando. Insiste, convence, se convence. Le dice que la quiere, convoca mil argumentos en su auxilio. Explica, promete, jura, implora. Cuando un hombre golpea a una mujer, incluso, llora.

Es tan persistente, que al fin alcanza su objetivo: ser perdonado por la mujer a la que ha golpeado. Entonces está alegre. Festeja haber borrado aquel momento de su conciencia, espantando la sombra de los perros negros que oscurecían el rostro de la mujer y festeja sobre ese cuerpo todavía dolorido. Cubre de besos y caricias la piel que ha rasgado, y sus intenciones parecen tan sinceras, que ella también quiere poder olvidar.

El hombre que golpea a una mujer la rodea con toda la intensidad de su arrepentimiento hasta caer agotado entre sus brazos.

Entonces, cuando se siente indefenso nuevamente, los perros negros del mal humor resurgen de su escondite, se apoderan de las manos que acariciaban a la mujer y con ellas descarga puñetazos nuevos sobre la víctima.

El hombre que golpea a una mujer no puede evitar sentirse un huérfano sobre su pecho. No puede evitar ser el autor de su propia orfandad.

Si una energía superior a la suya propia no lo evita, el reiniciará el macabro rito una y otra vez hasta destruir a la mujer.

La mujer que vive junto a un hombre que la golpea debería ser capaz de evitar un final tan triste para ambos. Pero no siempre quiere, y no muchos le creen. Sin embargo, a pesar de su debilidad, ella es la única que puede. El no dejará de golpearla: ni quiere, ni puede.

Cuando un hombre golpea a una mujer, deja una marca indeleble como terrible patrimonio que alcanzará no solo a sus hijos, sino a los hijos de sus hijos y tal vez más.

Cuando un hombre golpea a una mujer, estalla algo frágil que une a hombres y mujeres. Algo que, aún reparado, habrá perdido irremediablemente su belleza.

Cuando un hombre golpea a una mujer, la despoja. Ella queda desnuda de su inocencia y solo la cubre la vergüenza.

Cuando un hombre golpea a una mujer la obliga a cargar con la vergüenza de amar al hombre que la golpea. Una carga que se hará cada día más pesada, hasta destruirla.

El golpe que un hombre da a una mujer es el fracaso de la caricia.

El hombre que golpea a una mujer es un miserable, y nadie puede vivir indefinidamente en la miseria.

Ya lo sabes, amiga. No temas denunciar tu dolor, porque nadie es culpable de amar.

Abandónalo aunque lo ames y eso te haga sufrir. Sopórtalo, porque ese dolor tiene fin.

No te dañes con autocríticas, deja tus sentimientos en paz, no tienes la culpa de lo que ocurre.

El corazón tiene sus propios tiempos. Sólo trata de reservar un poco de amor para ti misma. Si tienes hijos, piensa en como sufrirías de ser testigo de su padecimiento: ellos sufren igual por el tuyo.

Se valiente, no vuelvas la cabeza, aprieta con firmeza la pena que tienes y si puedes, no temas transformarla en odio. En ese único caso, el odio será más sensato que el amor.

Alégrate de odiar al hombre que te ha golpeado si aún le amas. Tal vez le evites la cárcel, tal vez por fin busque ayuda para cambiar su destino.

Alégrate de odiarlo si amas a tus hijos porque les proporcionarás un futuro mejor.

Querida amiga, un hombre que golpea a una mujer no la ama, aunque lo jure, no se arrepiente, aunque pida perdón y no es una buena persona. Sobre todo, cuando un hombre golpea a una mujer, aunque quiera dejar de hacerlo, no puede. Los perros negros que devoran su corazón son, ahora, más fuertes que él mismo, así que no le creas aunque le creas.

No confíes fácilmente: muchos de aquellos a los que pides consejo están perdidos en el mismo infierno. Ese señor tan amable, esa señora de tanto carácter, aunque nadie lo sospecharía, pueden ser víctimas del mismo mal. ¿O no parecían también ustedes para los demás un matrimonio perfecto y él un marido envidiable?

Debes exigir apoyo de las instituciones que te protegen. Después de todo, para ti lo que ha fracasado es la institución matrimonial, o la familiar, o la pareja. Debes saber que este mundo sobrevive porque cuando una institución fracasa otras vienen en su auxilio.

Las instituciones de la salud, del derecho, o la fuerza pública están obligados a ayudarte a ti y a tus hijos, para ello la comunidad a la que perteneces les abona sueldos y honorarios.

Desgraciadamente, no eres la primera ni la última en sufrir ese calvario. Las que pasaron antes por allí dejaron impresas su huellas para guiarte.

Te deseo suerte y sobre todo fortaleza para romper las cadenas del prejuicio y el temor. Ya no falta mucho. Vas a ser feliz. Puedes. Palabra de Mujer.



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viernes, 18 de noviembre de 2011

La luz

Querido hermano:
Te escribo esperando que esta llegue a tiempo para tu cumpleaños. Como me pediste, te mantengo al tanto de lo que pasa por aquí. Papá y mamá bien, están de viaje ahora y dijeron que a la vuelta empezarían a pensar en hacerte una visita. ¡Te extrañamos mucho! Ojalá no sea en tiempo de clases para que me lleven con ellos.
Hablando de escuela, por favor envíame noticias tuyas, porque mis compañeros de clases me vuelven loco a preguntas. ¡Soy el único que tiene un hermano viviendo en Sirio! Lástima que las imágenes tarden tanto en llegar desde allá, por favor, mandá algunas con alguien que viaje, las iré a buscar al sitio que me digan.
Mi maestro prometió subirlas a la red del aula: ¡Imagina mi popularidad con las chicas!
Como mamá y papá no están, soy el encargado de alimentar a los mas pequeños. Los levanto de prisa antes de la salida del sol y hacemos nuestros ejercicios en la terraza si no llueve y en el patio si esta feo el tiempo. Soy muy responsable y no he fallado ni un solo día, por eso papá y mamá tienen confianza en mi y estoy orgulloso de ello.
Querido hermano, valoro mucho el privilegio de haber merecido nacer en esta época de la Humanidad. ¡No imagino vivir en un mundo donde las personas se mataban unas a otras y para alimentarse necesitaban destruír a otras especies!
Sé que el mundo vive en paz sólo desde que descubrimos la forma de alimentarnos procesando la luz solar en nuestros cuerpos, así que la responsabilidad de entrenar a otros me parece estupenda, y tal vez me inscriba en Luminología cuando termine mis estudios preparatorios. Dime que opinas de mi proyecto.
El abuelo se reía de mi diciendo: -!Al menos no perderás los dientes como yo!. El dice que se le gastaron masticando, cuando todavía comía. No sé si creerle, nunca se sabe si habla en serio o te toma el pelo.
Hablando del abuelo, la otra noche tuve un sueño muy especial y se lo conté.
Soné que una sensacion fría, dulce y rosa bajaba por el centro de mi cuerpo y me producía un placer enorme. No, no pienses que me dormí pensando en chicas, lo que sentí no tenia nada que ver con chicas, era completamente diferente, era una caricia fresca en mi lengua, en mi garganta, y bajaba hasta fundirse con mi cuerpo. Se lo conté al abuelo, y sólo movió la cabeza y dijo: -“Helado de frutillas”. Después no quiso seguir con el tema, ya lo conoces. ¿Tú que piensas? ¿Sabes que quiere decir “Helado de Frutillas"?
Me pregunto cómo puede uno soñar con algo que nunca experimentó despierto. ¿Será un recuerdo prenatal? ¿Crees en eso? No se, tal vez también me dedique a la Psicogenética, porque tengo muchas preguntas sin respuestas acerca de mi mismo. Bueno, hermano, me despido de ti porque es casi hora de la alimentacion vespertina. Hoy fue un hermoso día y el sol antes de ponerse en el horizonte nos dejará un gran regalo de vida.
No olvides las fotos que te pido, y si sabes que significa “Helado de Frutillas” por favor, también dímelo. Un abrazo grande como toda la Galaxia que nos separa. Tu hermanito: Pedro.


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domingo, 30 de octubre de 2011

Yo, Drácula

Dios Misericordioso:
Yo, Drácula, al que dicen Señor de Las Tinieblas, ante Ti me presento. Aquí estoy, cubierto con las grises alas del fracaso. Me enviaste a ellos con Tu Mensaje de Vida Eterna y he naufragado. No la desean. Tanto aman la muerte que fui perseguido, calumniado y torturado. Ellos me arrojaron al fondo de la noche y sólo en ella he conseguido cobijar mi angustia y desazón.
¡Todo es mentira, Señor! No les creas cuando gimen ante el sepulcro. Quise darles la Resurrección y tanto fue su pavor que me persiguieron como a una bestia maldita y me conjuraron con el crucifijo de sus dudas al cual aman más que a Ti.

Yo, Drácula, quise enseñarles a vivir en la sangre eterna del hermano, a vivir todos con todos en una sola sabia para siempre, pero ellos pensaron que Yo, Inmortal, deseaba su instante. Yo, que domino los secretos de Vida y Muerte, y quise ofrendarles en Tu Nombre Sagrado Mi Saber:
A cambio de una noche, La Eternidad.
Pero ellos prefirieron y aún prefieren la seguridad de cada día al dominio del presente. Ellos confundieron, y aún no se cómo.
¡Escucha Señor mi lamento! Tu, que eres el Unico que sabe aún más que Yo, ten piedad de Mi. Me asesinaron mil veces con la estaca afilada de su odio y piensan que me han dado muerte eterna, como si Tú no hubieras descendido a sus infiernos para darles la Revelación.
¡Lo han olvidado! Todo lo han olvidado, y creen verme en la noche, y creen que soy yo el que crea el pavor nocturno, y cuando les animo a venir a mí, piensan que a la oscuridad les llamo. Y tan oscuros están sus corazones, oh Señor, que no ven su propio sol nocturno. Piensan que temo a la luz del día porque en ella me desintegro. No ven ni sienten mi gozo supremo al transformarme en polvo en el polvo, para volver a nacer en la sangre de cada hombre.
Yo, Drácula, cobijado en oscuros huecos, esperé el paso del caminante, para entregarle mi secreto. Pero más pudo su espanto.
Me creyeron conjurado con el Diablo, y entonces llamé al Diablo para que les explicara que Tú y El son amigos, pero aún creció su temor e inventaron mil exorcismos.
Quise dar la eternidad a sus mujeres y sus hijas, condenadas por haber nacido, y me condenaron ellos a mí por tocar sus hembras. ¡A mí, que soy el Amante Eterno de la Vida!
¡Oh, Señor Sol de esta mañana! Escúchame, Yo, Drácula, te imploro...restaña estas, mis heridas, que son las heridas del amor...Seca mi piel, y seca mi carne, seca aún mis huesos con Tu Misericordia. Devuélveme a la Tierra Madre de la cual me arrancó un día la Voluntad de Hacer. Te confieso mi impotencia, mi ignorancia, te confieso mi no saber.
Mírame, soy Tu hijo y el hijo de Ella. Dame una de tus eternidades para descansar mi entraña herida en tu entraña, mírame, he realizado El Sagrado Oficio, y aquí estoy, una vez más con los brazos abiertos al cielo, yo, Tu Hijo Crucificado. Otro día, tal vez, cuando mi sabia reseca se haya nutrido en la fuerza y la paz del sepulcro, en la sabia inagotada de Ti, vuelva, resucitado, a esta tierra, y no sé cual será mi nombre ni mi rostro, pero sí se que volveré a repetir a los hombres de buena voluntad:
¡Come de mi carne, bebe de mi sangre, ama a tu prójimo como a ti mismo!



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miércoles, 19 de octubre de 2011

Dr. Freud

Estimado Dr. Freud:
Me llamo Sol Elizabeth Tordera y vivo en el futuro. Es decir, en su futuro. Estamos en el año 2011, y Ud. , claro, no lo sabe, pero es muy famoso en esta época. Estudiamos sus libros en la Universidad y practicamos el psicoanalisis. No debe existir persona aquí que no lo conozca, y casi todos, en algun momento de la vida, nos reclinamos en el “divan de Freud”. Pero no es por esto que le escribo, aunque tambien hago terapia una vez por semana. No somos tan prosperos como los pacientes de su época, y por lo tanto no podemos costearnos tratamientos de cuatro o cinco veces por semana. Además, aunque tuviésemos el dinero necesario, no dispondríamos del tiempo, ya que trabajamos muchísimas horas y la mayoria no vivimos cerca del trabajo, pero no quiero extenderme en temas que no hacen a mi inquietud. De cualquier manera, resulta, créame. Como verá, justamente, estoy haciéndome cargo de mi deseo al escrbirle. Y es que el psicoanálisis ha cambiado muchisimo al mundo. Seguramente no creería la libertad sexual que tenemos. Existe la posibilidad de cambiar de pareja cuantas veces se nos de la gana e, incluso, ni siquiera es necesario que estemos en pareja para ejercitar el erotismo con el otro o el mismo sexo. Incluso existen lugares donde uno puede tener relaciones con completos desconocidos y no se trata de lupanares, como en su época, y tampoco tenemos ningun interes por lucrar, sino que sólo nos guía el deseo. Lo llamamos swinger o intercambio de parejas. No es que vaya todo el mundo, por supuesto, pero cada vez son mas populares. Lo normal es ir a bailar y conocer a un chico o una chica, intercambiar algunos fluidos y despues ir al telo. Bueno, le aclaro, porque no debe saber de qué le estoy hablando: un baile es un sitio donde una va a bailar, como en su epoca, pero sola, no con la mama ni con marido o novio. Y un telo es un lugar donde se alquilan habitaciones por un rato para hacer el amor. Y bueno, justamente, vamos llegando al motivo de mi carta.
Pero antes quiero que sepa que nada de lo que diga debe entenderlo como un reproche, ya que le debemos tanto. Aunque es verdad que los métodos anticonceptivos facilitaron el ejercicio de nuestra sexualidad sin problemas, a Ud. le debemos la ejercitación sin culpas. ¡Y no es poco! Además, por supuesto, también la liberacion femenina está en deuda. Me explico: En esta epoca las mujeres no solo hacemos libre uso de nuestro cuerpo, sino que tambien estudiamos, ganamos nuestro dinero y no pedimos permiso para nada. Muchas, hasta tenemos nuestros hijitos solas. Bueno, interpréteme, no los concebimos solas (todavía) pero los criamos sin padre porque a veces hasta se pone difícil saber quién es. Existen algunos métodos, pero todavia no son de muy fácil acceso y nuevamente explicarlo me alejaría de mi objetivo.
Pues bien, voy al punto. Seguramente, y a pesar de que han pasado cien años. recordará sus estudios sobre la histeria. Bien sabemos que uno de los puntos centrales, incluso generador de muchos conflictos, fue que dijo Ud. que la histeria puede ser tanto masculina como femenina. Sin embargo, actualmente, no es lo mas popular de su obra, lo siento. Normalmente, tanto mujeres como hombres estamos muy acostumbrados a hablar de la histeria en femenino. Como comprenderá, la popularizacion de este uso no fue de nuestro agrado, asi que masivamente adherimos a aquello de “si no puedes vencer a tu enemigo, aliate con él”, asi que nos dedicamos, muchas, a estudiar psicologia (actualmente es prácticamente sinónimo de psicoanalisis) y las que no, a analizarnos. De esta manera aprendimos mucho de nosotras mismas y cambiamos nuestras vidas. Aprendimos acerca de lo que queremos, y justamente de eso queria hablarle. La semana pasada asisti a la conferencia de un famoso psicoanalista y escuché decir que, a pesar de haber investigado tanto en lo femenino, y de haber analizado a tantas mujeres, manifestó que seguíamos siendo para Ud. el “Continente Negro”. Es decir, un mundo desconocido. Bueno, como le decía, las mujeres continuamos su obra y ya no somos tan desconocidas, al menos para nosotras mismas. Sabemos lo que queremos y nos esforzamos por conseguirlo. Sin embargo, Dr. Freud, nos enfrentamos a un problema que nos resulta insoluble. Porque ahora, cuando por fin sabemos lo que queremos nosotras, no conseguimos averiguar que es lo que quieren los hombres.
Asi que, si por favor tiene una respuesta a mi problema, hágamelo saber. En sueños, en una alucinacion, de cualquier manera, no me importa, pero ¡Por favor, dígame como hago para conseguir un novio!!!!!!
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sábado, 15 de octubre de 2011

Cosas de mujeres


Querida mamá:

Siempre escuché decir que me parezco a vos y nunca tuve motivos para dudarlo. Cuando crecí, a pesar de tus recomendaciones, me encargué de tus mismas tareas, aunque nunca me enseñaste a hacerlas.

-“Vos estudiá”- me decías- “así podés trabajar y no dependés de nadie. Tenés tu plata y hacés lo que querés”.

Después exclamabas: “!Para mi, todos mis hijos son iguales!”, y yo odiaba tus palabras, porque quería destacarme, ser especial.

Aún recuerdo como marcabas el ritmo de tus afirmaciones con un golpe de plancha sobre la tabla o con el martillo de madera cayendo una y otra vez sobre la milanesa indefensa. Por fin, convencida y convincente, la tirabas a la sartén, o colgabas de una percha la camisa de papá, bien almidonada, cerrando con fuerza el ropero como quien se deshace, definitivamente, de algo muy molesto.

Yo advertía tu hostilidad contenida: ¡Pobre papá! ¡Era tan bueno! Y me compadecía del encierro de su camisa, tan parecido a mi propio encierro.

¡No me dejabas salir casi nunca! Todo te parecía tan peligroso que terminaste por hacerme creer en un mundo hostil que me costó mucho conquistar.

Aún recuerdo las historias de la siesta y el miedo que durante muchos años alenté. Creìa en tus historias sobre el “Dueño del Sol”, que salía, a esas horas, a robar las bicicletas de los chicos.

Después, con el tiempo, aprendí a desobedecerte. Me puse la minifalda y me saqué la virginidad, pero era tarde, la costumbre me había ido haciendo caserita, aplicada en la escuela, inclinada por el dibujo, la lectura, las manualidades. Mostrando ya esa tendencia a disimular las maldades ajenas y reprimir las propias.

Te escondía las inclinaciones sádicas de mis hermanos, que destruían mis muñecas, me llenaban de golpes y arañazos y me excluían de todos sus juegos.

Yo, en vez de defenderme y acusarlos, los encubría. El castigo me dolía más a mí que a ellos. A mí no me castigabas casi nunca. Era buenita.

Papá no hablaba sobre igualdad o diferencia, pero nunca me permitió bailar o estudiar arte, por ejemplo. Sólo mucho tiempo después comprendería que cuando decía “ ¡Ah no, mi hija no...!” y a continuación lo que fuese, esas negativas se fundaban en un prejuicio de género. Vos decías que me quería y por eso me cuidaba, nunca entendiste que no prohibía para cuidar sino para controlar, porque era un reprimido.

Me quiso, pero no me dio la oportunidad de aprender sus habilidades. Comprar, vender, poner precio, jugar al fútbol o al truco, hacer asado, cambiar un cuerito. Yo lo admiraba por todo eso, pero papá era un machista y no me transmitió ninguna de sus estrategias para sobrevivir en el mundo porque soy mujer. Solamente se trataba de conseguir “un buen muchacho” y ser “una buena chica”. Total, a las mujeres las mantienen los maridos.

Vos, en cambio, eras feminista sin saberlo y así aprendí que soy igual a mis hermanos y ninguna habilidad hogareña: planchar, asear la casa, seducir. ¡Toda la vida cargué con la sensación de no ser lo suficientemente femenina! Y te lo reproché. ¡Cuánto te lo reproché!

Cuando te fuiste, yo no era feliz, y eso te dolía mucho más que mis críticas. Ahora lo se, porque soy adulta y soy madre.

No me lo diste todo, pero eso no era posible. Me diste lo más importante: el permiso de conseguirlo por mi misma. Y lo hice. Por eso te escribo, para que lo sepas. Estoy segura de que podrás enterarte.

Mamá, ahora sí, por fin, soy feliz. De una forma muy distinta de la que me enseñaron vos o papá, pero lo soy. Comprendí que soy mujer y que para serlo no hay nada que aprender. Que no soy igual a mis hermanos, pero que mis derechos sí lo son. Eso es lo que querías decir ¿No es verdad?

Tengo un título universitario, un trabajo y mi propio dinero, como querías, y a veces hasta puedo parecer tan fina como quería papá. Pero eso no es lo importante. Tal vez a algunos les guste mi estilo y a otros no. ¡Lo importante es que aprendí a gustarme yo!.

Además, ¿sabés? Descubrí que los criticones lo son porque tienen muy poca confianza en sí mismos.

Todavía tengo, muy bien guardada, aquella caja china que forraste con seda. Adentro están todas las cartas que me enviaron los hombres que pasaron por mi vida. Y no fueron pocos.

Ahora puedo decírtelo porque sé que no te vas a enojar. Entendí que no me reprimías por moralina, sino por temor al daño que me pudieran causar. Tampoco yo acepto fácilmente el dolor cuando se trata de mi hija. ¡Pero es tan inevitable, mami!

Cuando la veo sufrir algo se me desafina en el alma. ¿Cómo evitarle el dolor sin negarle el aprendizaje?

Entonces pienso que después de todo, si yo pude sobrevivir a la desilusión, a las frustraciones, a veces a la soledad y casi siempre al miedo, ella también podrá.

Sobreviví y no de cualquier manera: siendo mi mejor compañera y sin perder el amor propio y la esperanza.

Esa fue tu mejor enseñanza, y por fin puedo comprenderla: Soy valiosa.

Gracias, mamá.

Tu hija.




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sábado, 17 de septiembre de 2011

Carta abierta a todos los que ya saben que esta carta es para ellos y para los que todavia no saben por un mecanismo de negación:

Todo el tiempo se están descubriendo y cambiando cosas en este mundo tan post-moderno. Antiguamente no existían, por ejemplo, los adolescentes, no porque no hubiesen pibes de 16 años, sino porque no eran vistos como pibes. Ni siquiera la infancia tenia
demasiada entidad propia. Alcanza con ver pinturas antiguas para asombrarnos como las imágenes que representaban niños eran exactamente igual que las de los adultos, solo que mas pequeñas. ¡Así de poco se miraba a los chicos! Incluso parece que a las minas bajaban niños a los que hacían trabajar como a enanos.
Sólo recientemente se distinguió esa edad en la que ya no se es una criatura, pero tampoco se es adulto, y así también ocurrió con la tercera edad, que constantemente cambia su momento de inicio. ¿Quién podría aceptar ahora que una llamativa muchacha de cuarenta y cinco está ingresando en la “tercera edad”?
Otro fenómeno es la longevidad, motivo por el cual e las familias cuenta con algún bisabuelo, por ejemplo.
Sin embargo, lo que quiero destacar hoy hace referencia a otro fenómeno muy extendido y que no parece relacionado con la prolongación de la vida ni con una edad determinada. Sin embargo, la gran mayoría de mis lectores estará de acuerdo en que existe un nuevo grupo social al que pertenecemos muchos de nosotros. Se trata de los “Post-Padres”.
Antiguamente, es decir, hasta los nuestros, la de "padre" era una categoría a la que se accedía para permanecer en ella de por vida. Hoy, sin embargo, y como tantas otras cosas, tiene fecha de vencimiento. El ingreso es variable, aunque coincide, por lo general, con la etapa de la adolescencia de los hijos.
No debe considerarse como una categoría absoluta, ya que no se cesa de una vez y al mismo tiempo en todas las funciones. Es muy posible, por ejemplo, seguir ejerciendo como padre y – o madre en lo que respecta a temas económicos, y sin embargo quedar completamente obsoleto tecnológicamente hablando. Por ejemplo, es muy común que como proveedor se esté encargado de pagar la computadora (netbook, laptop, escritorio, i pod, etc) pero se esté completamente incapacitado para usar el aparato adquirido.
Esto, el nuevo encargado de la tecnología del hogar nos lo hará saber sin dilaciones. Cuando le pidamos que nos explique como abrir una cuenta de correo, lo hará, pero habrá olvidado darnos la contraseña, o simplemente, decirnos como se ingresa. Si lo reclamamos, nos brindará la explicación correspondiente, pero a una velocidad tal que será imposible retenerla para usarla cuando la necesitemos. Tal vez, si somos muy insistentes, incluso lo repita una vez mas, con la misma dinámica e idénticos resultados. Entonces nuestro hijo, educadamente, nos dirá: -“No te preocupes, ma-pa, llamame y yo te ingreso.
Entendemos que se trata de una paradoja, porque para usar la computadora lo que necesitamos no es llamarlo, es desincrustarlo, porque está sentado enfrente del monitor todo el tiempo, como una prolongación obvia del teclado. Cuando no está “conectado” está haciendo otra cosa muy importante, tanto, que no puede ni hablar por teléfono, y solo nos informa, lacónicamente, que estamos abusando de su valioso tiempo. Y así empezamos el largo proceso mediante el cual, al fin, nos convertiremos en Post-Padres.
Puede que compremos otra pc para nosotros, o que le compremos una nueva a nuestro hijo y nos quedemos con la vieja. Puede que, simplemente, acudamos al cyber. Allí tal vez alguien nos tenga paciencia y nos de las instrucciones necesarias para enviar un mail.
Como pertenecemos a otra cultura, tal vez no hayamos valorado en su justa medida el comienzo se nuestra degradación, ya que se dió en terrenos virtuales y no en el mundo de verdad. Poco a poco comprendemos nuestro error. Ahora, el mundo de verdad es ese, y el nuestro ya no importa. Por ende, no sabemos nada. Poco a poco, lo vamos aceptando. A medida que pasa el tiempo, nosotros sabemos cada vez menos menos y ellos cada vez mas. Pero no mas en la pc, mas en todo.

Aceptamos sin conflicto que no sabemos vestirnos, aunque nos usen la ropa, ni de cine, aunque les paguemos las entradas. Es que el dinero parece ser algo tan vulgar que solo la gente simple como nosotros merece ocuparse de él. Nuestro inglés es pésimo y a pesar de haber estado varias veces en Brasil no entendemos nada de portugués, idioma que nuestro hijo sí habla y entiende, a pesar de no haberlo estudiado nunca.
Una amiga mía se ganó el ingreso a la categoría de una forma muy sencilla, cuando su hija le mostró en el facebook de una amiguita una ropa que quería comprar.
Mi amiga sólo dijo: -"Que lindo, a mi tu abuela no me dejó estudiar corte y confección porque quería que fuese maestra. Pero siempre me gustó coser. ¿Te acordás de la ropita que te hacía cuando eras chiquita?"
La hija, cerrando la máquina, respondió: -"No se para que te muestro, si vos nunca entendés nada".
Mi amiga lo que no consiguió fue entender que era lo que no entendía, y debimos explicarle que, bajo ningún concepto, se pueden mezclar en la misma conversación los conceptos “Diseño textil e Indumentaria” y “Corte y Confección” . Y se dice "prenda", no "ropita".
Aunque nunca supimos qué hizo después con su diploma de Licenciada en Ciencias de la Educación, pero el punto pareció aclarado. Sin embargo, volvió a confundirse cuando, un buen día,
esa misma amiga de su hija la conectó, también por el Facebook, para pedirle que le enseñara a hacer el molde de una pollera con caderín. Ella, que adora a la gente joven, como todos nosotros, accedió gustosa y hasta entabló una relación de amistad con la chica, que le pedía consejos incluso en temas que se relacionaban muy poco con la moda. Este es un error que no debe cometerse, a pesar del placer que produce no ser considerado tonto por alguien treinta años menor. El error consistió en una simple confusión de incumbencias del rol asumido. Necesitamos recordar que no se es Post-Padre en relación a todos los jóvenes, sino sólo para los hijos propios. Lo contrario equivaldría a ser despedido de una empresa donde nunca se trabajó. La indeseada consecuencia consiste en que nuestro hijo-a, puede descubrir que ese amigo-a ya no merece su amistad tan sólo por haber simpatizado con uno.
El fenómeno de la Post Paternidad es, desde luego, de reciente surgimiento, y se encuentra en pleno desarrollo. Algunos Post-Padres mas adelantados nos contaron que, a medida que pasa el tiempo y los hijos crecen, también aumentan las incumbencias del rol. Lo que comenzó siendo una leve discapacidad tecnológica invade otros ámbitos de la vida cotidiana. Han descubierto, por ejemplo, que ya no saben como cuidar niños y que, para hacerse cargo durante dos horas de un nieto necesitan ser informados del contenido de un tratado de puericultura recién bajado de la Pagina web del Baby-Happy (and Cool) Book. Así, descubriremos que no sabemos confeccionar un menú infantil, que la marca de salchichas de Viena de toda la vida es un atentado a la salud y la felicidad, que no sabemos hervir ni papa ni zapallo, que la gaseosa impide el crecimiento infantil, y que obligar al nene a dar la mano para cruzar la calle es una forma de coartar su libertad individual y atentar contra los derechos humanos de la criaturita.
Tampoco debemos regalar tan alegremente juguetes a nuestros nietos. Revólveres, pistolas, tanques, espadas, están prohibidos por alentar la violencia. Pero si no queremos evidenciar aún más nuestra ignorancia, no preguntemos por qué el dulce pichón de cuatro años juega en la play con asesinos múltiples y guerreros del espacio que destruyen tres planetas con un solo disparo de su rayo lazer.
No preguntemos si no queremos oír, una vez más, que no entendemos nada.
Las filas de Post-Padres son cada vez más numerosas, ya que cada vez se admite gente con hijos mas pequeños. Sin embargo, debemos evitar regodearnos por ello.
El otro día, justamente, me llenó de culpa descubrir cuánta alegría sentí cuando ví a mi nieto mayor de seis años retirar un comando de la mano de su padre, mi hijo, que es Analista de Sistemas, diciéndole: - “Dejá papá, que vos no sabes jugar y me vas a hacer perder”.
Porque si bien nosotros somos nada más que sus Post-Padres, ellos, todavía, son nuestros hijos y los seguimos queriendo.

Post Padre: derivado de "post parto" (med) momento después del alumbramiento, cuando se produce una depresión en la mujer quien comprende que sólo fue una incubadora humana,
y que, pese a estar bastante arruinada, debe transformarse en una expendedora de leche fresca 24x24.-

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domingo, 4 de septiembre de 2011

Pensamiento Científico

Estimados colegas y amigos:

Lamentablemente, las fechas del cronograma son coincidentes con otros ineludibles compromisos haciéndome imposible asistir a la reunión de Comisión Directiva de la Asociación. Puedo asegurarles que no existe otro motivo para mi ausencia, y en tal sentido les hago llegar estas líneas con mi propuesta, ya que me mantengo al tanto de los devenires institucionales y tengo la esperanza de que será posible la creación de un espacio donde mostrar y definir diferencias. Todos sabemos que nos enriquecen, pero sólo cuando superamos el miedo a perder nuestras certezas.
Muchas veces es difícil llevar adelante las propias ideas y en algún momento se dan situaciones no del todo placenteras. Durante años he tenido una sensación algo extraña al recorrer los pasillos de esa Casa, que al fin se materializa ahora en este conflicto, lo cual, a parte de deshagorme, me permite recuperar la confianza en mi salud mental. Era cierto, no estoy paranoico, muchos de ustedes están en desacuerdo con mis postulados y la práctica que deviene en consecuencia, pero lejos de manifestarlo en un espacio científico, se apela a estas estrategias poco racionales y razonables. Sin embargo, también es cierto que entre muchos de nosotros existe un vínculo muy fuerte de amistad y en su nombre me dirijo a Uds. para manifestarles que lamento la forma cruel de exclusión que ha sufrido el brillante trabajo de nuestro joven colega. Veo en ese conflicto un síntoma de algo que nos está costando bastante superar. Mi aporte, en ese sentido, es realizar una llamada al intercambio.
Estas líneas son un intento para empezar a hacer algo de ese algo que no hacemos, que es hablar con sinceridad. No tengo otro espacio que este y ganas. Pero me parece suficiente para empezar.
Propongo la confrontación de nuestras ideas desde la teoría y en la práctica profesional, para evitar que otros se transformen en víctimas, sino de nuestra ignorancia, si al menos de nuestra pereza intelectual.
Me permito recordar algunas reglas que todos conocemos a fin de facilitar la exposición de nuestras ideas.

Autoridad:
Que podamos citar un nombre famoso o con prestigio en nuestro favor, no sirve en absoluto para transformar un argumento falso en verdadero. Por el contrario, tal vez descubramos que los grandes hombres de la historia también cometieron errores.

Desautorización:
Que alguien no exhiba aval de categoría tampoco niega la verdad de sus afirmaciones. Sócrates no egresó de la Facultad de Filosofía, ni Hipócrates de la de Medicina.

Tradición:
“Siempre se hizo así” tampoco es motivo de validez. Pudo haberse hecho siempre así…de mal. Si la tradición fuese un buen argumento, todos los asesinos quedarían en libertad, pues desde que Caín asesinó a Abel, los humanos nos estamos matando los unos a los otros.

Posibilidad
:
Así mismo, que nunca se haya hecho algo no convierte a ese algo en imposible de hacer. ¡De lo contrario el hombre nunca hubiese construido sus aviones!. A cada “no se puede” que se nos cuele en los bolsillos debemos agregarle: “!hasta ahora!”.

Número
:
Una mayoría puede decidir un gobierno en democracia, pero de ninguna manera transformar en cierto lo que no lo es o negar lo verdadero. Apelamos a los grandes números para evitar el ridículo de ser uno de pocos, aunque esos pocos estén acertados.

Fuerza
:
Puede que la verdad nos exponga a consecuencias que no deseamos enfrentar. De ser así, al menos, tengamos la dignidad de dar un paso al costado, para no brindar argumentos a quienes desean un mundo a la medida de sus intereses particulares.

Ignorancia
:
Por fin recordemos que ignorar cómo se producen los hechos no los convierte en falsos ni los niega. Sólo nos abre una nueva puerta para la investigación.

Seguramente existen otros vicios del razonamiento que ahora mismo no vienen a mi mente pero, entre todos, iremos agregándolos a esta lista. Tengo la esperanza de que muchos de ustedes se sumen a la discusión, pues ello me permitiría asumir la defensa de nuestro joven colega quien, como no se les escapa, es mi fiel discípulo

Sin otro particular, me despido de Uds.

Dr. Ángel H. López

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domingo, 21 de agosto de 2011

Carta abierta a los que están criando

Cualquier madre, cualquier padre, quiere lo mejor para sus hijos. Sin embargo,
sin escatimar adrenalina, la TV y los “jueguitos” ofrecen historias que siempre se resuelven apelando al drástico método de golpear y torturar. No podemos evitar que vean la televisión, pero podemos ayudarlos a pensar con otros argumentos. El daño que nos hacemos unos a otros es, sin excusas, lo siniestro, aún cuando quisiéramos suponer que esos tiempos quedaron atrás.
Ellos aprenden de nuestros apremios. Cumplir con los trabajos exigidos “para ayer”, no detenerse hasta no terminar, las comidas rápidas, la repetición, la auto exigencia. Es decir, la tortura cotidiana de nuestros cuerpos sometidos en pos de objetivos perentorios e imprescindibles que deben cumplirse ineludiblemente para ser olvidados indefectiblemente al otro día.
La cultura del éxito devorando nuestra armonía a puro stress, ordenando nuestra vida a fuerza de cumplir con órdenes ajenas.
Uno de los métodos más eficaces, es adjudicar categorías: Lo bueno y lo malo. A continuación, se distribuyen jerarquías, se confunde lo que hacemos con lo que somos y se censura. Sólo queda el recurso de repetir para no errar, adherir a palabras usadas y ajenas, pero seguras. Palabras viejas, cuerpos quietos.
Después, el tiempo borrará los errores, pero no las culpas.
¿Es necesario tanto malvivir para vivir "bien"?

Recuerdo a un actor que, fingiendo ser de otro mundo, con voz profunda lanzaba a la platea: _!OS ORDENO QUE SEÁIS FELICES!

¿No es una paradoja ordenar aquello que sólo se puede hacer en libertad?
¿Y si a pesar de la lógica aceptáramos la orden ? ¿Qué pasaría? ¿Podríamos transformar los mandatos que recibimos cambiando el trato que damos?. Afirmar la vida de hoy para reparar la historia de mañana. ¿Sería posible, o nos sentiríamos como marcianos?
No es fácil convocar palabras para desterrar lo siniestro y menos aún conjurar lo vacuo. Entre los instrumentos de tortura siempre se incluyen cadenas, sogas, nudos porque los cuerpos en movimiento no pueden someterse. Si queremos hijos felices, necesitamos revisar las “grandes verdades” antes de transmitirlas, reaprender lo olvidado: la risa, la danza, la tribu.
Y tal vez obtengamos, en recompensa, la esperanza de que un mundo mejor será posible para ellos.
Un padre que no se resigna.


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domingo, 14 de agosto de 2011

La Decisión

Dpto vista a la calle, obra de Alfredo Moffatt

Querido amigo:

Te asombrarás al recibir esta carta, así que paso a explicarte sus motivos. Desde la época de la Facultad, hace tantos años, cuando conocí a Martha y me enamoré perdidamente de ella, que no sabes mucho de mi. Yo, en cambio, sé todo de ti y de tus éxitos. Leí cada uno de tus libros y asistí a tus conferencias de forma anónima. Sé como piensas, y por la amistad que tuvimos, seguramente no pondrás reparos en cumplir con mis deseos.

Tampoco a mí me fue mal. María y yo nos casamos y fuimos muy felices durante treinta años. Juntos, sembramos en este mundo cuatro hijos y ocho nietos.

Me dediqué a los negocios, primero, para mantener a mi familia, y después, porque encontré un placer lúdico en el riesgo y la apuesta. Soy un hombre de suerte, y como también, modestia aparte, soy bastante inteligente, pude amasar una gran fortuna. Lo acreditan los documentos que hallarás en el sobre adjunto, donde puse todo lo necesario para que cumplas mis deseos. Reparte mi fortuna por partes iguales entre las madres sin recursos con niños pequeños, los poetas y las parejas de jóvenes enamorados que no tienen dónde cumplir su sueño de dormir abrazados toda la noche.

Elijo beneficiar a estas personas con mi legado porque considero que la vida depende exclusivamente de la creatividad humana y, sin embargo, nadie compra nuevos libros de poesía, ni se paga por criar a los hombres nuevos, o armar nuevos hogares.

Querido amigo, dejé dinero suficiente a mis hijos y sus familias para vivir holgadamente por varias generaciones, así que, lo que tienes en tus manos es absolutamente mio y por eso dispongo de ello, antes de dejar este mundo.

No temas, sólo hablo del mundo en el aprendí que cuando el hombre inventó a Dios, quiso convertirse en Él. Construyó templos y exigió ser idolatrado.

Otro día, inventó los libros y quiso ser admirado al abrir la boca, como el tomo de una enciclopedia. Después, inventó las maquinas y volvió a transformarse. Pretendió nunca estar cansado, ni enamorado, ni triste, ser siempre eficaz y exacto.

Pero ese tiempo también pasó, y ahora lo más importante es la mercancía. Para los objetos -nuevos, por supuesto- están dispuestos los mejores sitios en todas las ciudades, llenos de luces y protegidos, tanto del polvo como de los ladrones, entre cristales de seguridad, alarmas, guardias armados, etc.

Cumpliendo con la tradición de parecerse a sus obras, la gente de ahora pretende ser como las mercaderías exhibidas en las vidrieras: Siempre nueva, bonita y codiciada por todos.

Al compararse con las cosas que se compran y se venden, uno mismo empieza a preguntarse cuánto vale. Un método imposible y muy perjudicial, ya que lo definitivo de la venta es el precio, y el precio es lo que el cliente está dispuesto a pagar. Como resultado, nos dedicamos a buscar el aprecio de los demás como medida para evaluar nuestra propia existencia.

Así, todo tiene precio, pero nada tiene valor. Pocas personas pueden decir que hacen lo que realmente quieren con sus vidas, sino aquello por lo que obtienen la mejor retribución posible. Sistema transmitido y estimulado de generación en generación.

¡Qué gran paradoja!: Mientras todos desean hijos felices, se cierra el camino de acceso a la propia felicidad.

Como el dinero es un estímulo muy escaso a cambio de nuestro tiempo, se buscan otras satisfacciones, como gozar de la belleza, una de las principales metas para el ser humano. Lamentablemente, como el buen gusto no viene de nacimiento y la educción artística es escasa, la mayoría se conforma con las cosas bonitas que se ofrecen en los escaparates. Esas mismas que pretendemos igualar.

Los dinerillos que tan esforzadamente se gana vendiendo el propio tiempo -la vida- se pierde compulsivamente en adquirir placeres efímeros, mercadería en serie, que nunca consigue compensar lo entregado a cambio.

Así que, amigo, como te decía al principio, me voy de este mundo. Nada me ata.

¿A dónde? No lo sé, cualquier sitio es bueno. Un ashram en la India, un banco en una plaza. Tanto da. ¡Sólo quiero estar conmigo mismo!

No me busques y no te preocupes por mi, me sé cuidar y tomo esta decisión por mi bien. Yo sé que eres una de las pocas personas que puede entenderlo.

Recibe este afectuoso y agradecido abrazo de tu amigo: Sam Golden.


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martes, 2 de agosto de 2011

El fin del mundo

Querido Juan:

Si, es cierto, los temores circulan y no sin motivo. Yo también recibo montones de mensajes avisando que el "Fin del Mundo" está cerca.

Primero, parecía programado para el 2000, pero obtuvimos una prórroga que se termina ahora, en el 2012. !Y no es para menos! Los cataclismos se dan la mano con el default que amenaza a las primeras potencias mundiales. ¡Cuándo lo hubiésemos pensado!

Afortunadamente, tampoco falta quien analiza la historia, y nos recuerda que terremotos hubo siempre, y que los imperios, con o sin Tsunamis, nacen para morir, como todo en este mundo.

Sin embargo, más acá de los alarmistas y más allá de los conservadores, o sea, con o sin 2.012, el mundo cambia.

Los esquemas de los que nos sentíamos tan seguros están pidiendo una rápida adaptación activa a la realidad,. porque los modelos actuales no tienen mucho que ver con los de hace cincuenta años: Familia, pareja, sexualidad, trabajo, comunicación,

La familia, célula fundamental de la sociedad, para empezar, ha cambiado radicalmente. Lo fundamental, permanece, pero su conformación es distinta todo el tiempo. Es el lugar del que todos, con un poco de suerte, disponemos al llegar a este mundo. Aunque ahora, además de nuevos hermanos, llegan hermanos con los que sólo compartimos uno o, incluso, ningún padre. Y hablando de eso, también los padres y las madres cambian. Hay mamás “del corazón”, padres biológicos y de crianza, todos conviviendo, sino en perfecta armonía, al menos en relaciones que no son peores que las de antes.

Algunos nuevos integrantes no están porque llegaron, sino porque no se fueron nunca, como los bisabuelos, un género cada vez más numeroso.

Uno de los cambios, y no el menos importante, es que la vida se alarga, y necesitamos averiguar en qué queremos invertir ese premio que consiste en tener: ¡más tiempo!

Si, amigo mío, pertenecemos a la primera generación de viejos que se sienten jóvenes por dentro, con la mismas ganas que a los veinte, aunque, por supuesto, con la cabeza que cada uno supo conseguir.

Las parejas, como las familias, se recrean. Las hay fugaces, de una noche o sólo un rato. Las hay pensadas para durar pero no duran, y las hay que, sin querer, duran toda la vida -de uno de sus integrantes-.

También las instituciones se transforman. El matrimonio, por ejemplo, se hace más incluyente, pero restringe sus funciones. Es una nave a la que se sigue subiendo de a dos, pero ahora sin importar el género, y sin garantizar a sus pasajeros un viaje “de amor eterno”. Frase sólo posible de hallar en culebrones para nostálgicos y películas de los años cuarenta.

La sexualidad, en cambio, consiguió más prestigio y permanencia, y sí que dura hasta que la muerte nos separa... del propio cuerpo.

Las comunicaciones son, posiblemente, lo que más ha cambiado de aspecto. Ahora nos comunicamos de formas muy amplias y creativas, aunque, como antes, no nos entendemos.

Tantos cambios nos confunden, por eso es bueno llevar una brújula que nos impida perder el camino en la tormenta. Esa brújula son los amigos y la risa.

Ahora se pone la mirada en la meta, y perdemos de vista hasta nuestros propios pasos: ¡Si entre tanta gente no nos miramos los pies casi nunca!.

Los oídos, en cambio, están siempre abiertos, uno a cada lado, para permitirnos escuchar a los que van con nosotros.

Esos compañeros de ruta que, incluso cuando su camino es otro, permanecen en nuestros corazones.

Los reconocemos porque escuchan nuestros problemas sin cuestionarnos y, al final, nos reímos juntos.

Así que, amigo, yo que tú, no me preocuparía demasiado por esas terribles profecías acerca de que se termina el mundo. Al menos del que teníamos ¡No queda mucho!

Un abrazo grande de tu amiga de toda la vida:Mabel



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sábado, 30 de julio de 2011

Reconciliación

Amigo:

Me parece tan raro escribirte que ni siquiera sé qué poner en el encabezamiento de esta carta. ¿Mi amor? Ya no lo siento. ¿Querido? Menos. Decías que éramos compañeros porque compartíamos el pan, y eso ya tampoco ocurre. Ahora nadie comparte el pan conmigo, y yo compro en la panadería el que consumo. No es tan romántico, pero duele menos.
Con el correr del tiempo tu imagen fue perdiendo las aristas agudas y la textura áspera. No sin esfuerzo conseguí emigrar de esa parte de mi historia donde vive tu recuerdo. Así que, ahora por fin, puedo usar la palabra “amigo” sin sufrir.
Te escribo para contarte que nuestra hija está de novia. Me hubiera gustado compartir con vos todo esto como un día lo pensé (lo pensamos). La vida, sin embargo, nos llevó por otros rumbos y ni siquiera estoy segura de que esta carta llegue a tus manos, porque la dirección que tengo es también muy antigua. Tal vez ya no vivas ahí, pero no importa, te escribo, simplemente, porque hacerlo me hace sentir bien.

Hoy, cuando llegué a casa, descubrí que algunos de mis tesoros habían sido saqueados.
Amarillos y arrugados como nosotros mismos, arrancados de un largo sueño, desparramados sobre la mesa del comedor, estaban aquellos poemas que un día escribiste y yo supe guardar.
La mano pálida y suave de nuestra hija era la responsable del desorden. Estaba inclinada sobre los papeles cuando notó mi presencia. Entonces levantó su rostro –que te aseguro es tan bello como lo soñábamos- y me devolvió la mirada. Apenas suspendida en el borde de una de sus pestañas, había una lágrima redonda y brillante que se balanceaba, ya a punto de caer, sobre una de sus mejillas. La secó rápida y disimuladamente, e hicimos de cuenta que nada pasaba.
Êl no es uno de esos muchachitos desmañados que con frecuencia la acompañaban al volver de la facultad y cuyo mayor objeto de interés parecía estar siempre en las profundidades de la heladera que saqueaban sistemáticamente.
No. Ahora un hombre está enamorado de nuestra hija. Le envía flores y poemas, la acecha, la quiere mujer y ella tiene miedo. La asusta esa actitud desconocida, tanta convicción.
No sé que destinos la llevaron a hurgar entre mis recuerdos, pero allí está, rodeada por las palabras con que cubrías mi vientre cuando ella lo habitaba...
Versos escritos hace mucho tiempo por alguien que nos amó a las dos.
Ella no lo sabía. Sólo tenía de aquél hombre recuerdos olvidables, reproches, gestos despectivos, frialdad, mal humor y por fin el abandono del que fuimos víctimas las dos.
Juntas, aceptamos los hechos y poco a poco la ausencia se fue reparando con los hilvanes del silencio.
Tu imagen se diluyó en los dinteles de esta casa donde nunca más hubo hombres hasta ahora, cuando nuevamente alguien, en masculino y singular, está tocando a la puerta.
Los ojos de nuestra niña están húmedos y agrandados por el asombro.
Junta los papeles, los dobla y los coloca otra vez en la caja que por fin deposita sobre mi falda.
Me mira y dice:
-Cuando me reciba le voy a decir que sí, mamá. –y ambas sabemos a qué se refiere-
Enseguida, tan atropellada como siempre, cambia de tema y pregunta:
-¿Querés tomar mate, ?
Yo acepto en silencio, porque tengo un nudo en la garganta. Mientras ella va hacia la cocina, yo me dirijo al dormitorio para guardar la caja con tus poemas, mis poemas, nuestros poemas, y reflexiono:
-¡Tantos años! Muchas veces estuve apunto de romper estos papeles amarillos, o de prenderles fuego, impulsada por la rabia, por el dolor o para evitar la tristeza de recordarte. Pero, por otro lado, son lo único que tengo de entonces y dudé. Por fin, ganó la vida que corre presurosa y quedaron olvidados en el fondo de algún mueble, desde donde hoy nuestra hija los rescató.
Ahora, después de tantos años, mientras te escribo, vuelvo a escuchar tu voz. Muy serio y algo impaciente con mis lágrimas dijiste aquella, la última vez: ¿Te acordás?
-No llores, hay que aceptarlo: nada se puede hacer cuando se acaba el amor.
Yo sabía que no era cierto, que lo que sentimos no podía terminar así como así nomás, pero los argumentos nunca fueron mi fuerte y callé. Ahora, mirá por donde, la vida viene, me sorprende y me da la razón. Ahí, refugiadas, en el fondo de una caja, quedaron tus palabras aguardando la ocasión propicia para volver a vivir.
Hice bien en conservarlas, después de todo.
Ahora, nuestra hija sabe que, en su origen, hubo una hermosa historia de amor.
Tu ex.

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